• José M. Caballero

El ciclo anual en la ciudad: abril

¡Qué galán venís, abril!

Vengáis norabuena,

¡qué galán venís!

Los pintados ruiseñores

cantan con más alegría,

más corre esta fuente fría,

mejor huelen estas flores;

todos os dicen amores,

hermoso estáis y gentil:

¡qué galán venís, abril!

(De una canción tradicional de la Edad de Oro [1])


En abril, colores, sonidos y perfumes irrumpen en la huerta, en la ciudad y en los montes cercanos a Murcia. Es una auténtica plenitud de vida. Si se midiera la actividad metabólica global del ecosistema, creo que sería máxima en abril en muchos lugares alrededor de Murcia.

Perfume de azahar, ya desde los primeros días del mes o incluso un poco antes. Naranjos y limoneros muestran sus flores, en muchos casos a la vez que sus frutos (Fig. 1). Aroma de rosas en jardines y calles de la ciudad (Fig. 2). Fragancias de tomillo, romero y otras muchas especies de plantas que florecen ahora en los montes, en los valles de las ramblas y en las extensiones margosas de los alrededores.

Fig. 1. Durante buena parte del mes de abril, tanto naranjos (Citrus sinensis, A) como limoneros (Citrus x limon, B) muestran a la vez flores y frutos.

Fig. 2. A y B. Rosales cultivados (Rosa sp.) pueden verse con flores durante buena parte del año, pero es quizás ahora cuando muestran el mayor esplendor en parques, jardines y calles de la ciudad. Las rosas silvestres tienen 5 pétalos y numerosos estambres; en las rosas cultivadas, en lugar de estambres, se desarrollan más pétalos. C y D. Otros dos árboles, no autóctonos sino cultivados en jardinería, que están en flor en abril: el árbol orquídea o “pata de vaca” (Bauhinia variegata) y la falsa acacia (Robinia pseudoacacia). Ambos pertenecen a la familia Leguminosas (Fabaceae).


La contribución de las flores al color es evidente. Amarillos y blancos de margaritas, diversas tonalidades de rojo de las amapolas que se amontonan en los campos y orlan los caminos, en los que también encontramos el rosa de las corregüelas, y muchos más (Figs. 3 y 4). He hablado de colores “en masa”, pero no podemos dejar de admirarnos ante colores “de grano fino”, como en los élitros de un pequeño coleóptero o en las alas de una mariposa (Fig. 5).

Fig. 3. A, B y C. Tres de las especies de amapolas que podemos ver en flor durante el mes de abril en los alrededores de Murcia (hay alguna más). Papaver rhoeas (A) es de un rojo vivo, Papaver dubium (B) muestra una tonalidad más clara, y Papaver hybridum (C) tiene un rojo más purpúreo. Pertenecen a la familia Papaveráceas. Típicamente tienen cuatro pétalos que se caen con mucha facilidad, aunque a veces pueden verse cinco (como en C) por división temprana de uno de los cuatro originales. En otros casos se ve una doble corola (como en A). D. La corregüela rosa o campanilla rosa, Convolvulus althaeoides, también es abundante en los bordes de caminos. Pertenece a la familia Convolvuláceas. Durante el día están abiertas, pero en días nublados o lluviosos parece que les cuesta más abrirse y permanecen plegadas parte de la mañana.

Fig. 4. Más plantas que están en flor en esta época. A. Esta jara (Cistus clusii, familia Cistáceas) florece un poco más tarde que la estepa blanca que veíamos en marzo. Tiene el nombre común de “romero macho”, por el parecido de sus hojas con las de romero. Cuando no está en flor podría confundirse a primera vista con él, pero no huele como el romero. B. La “oreja de liebre” (Phlomis lychnitis) pertenece a la familia Labiadas (Lamiaceae). El nombre común de la familia alude al aspecto de las flores, y el de la especie, a la forma de las hojas. Esta planta y la anterior son más bien de montes y áreas de matorral, mientras algunas de las siguientes abundan más en los bordes de caminos. C. Hay numerosas especies que reciben el nombre común de margaritas; esta es una de ellas, en concreto Anacyclus clavatus (familia Compuestas, claro). D. El “ajo oloroso”, Nothoscordum gracile, es una planta introducida que se ha naturalizado y es abundante en la huerta. Sus flores son parecidas a las del ajo, y pertenece a la misma familia (Liliáceas). La flor de la izquierda, en la foto, parece estar susurrándole algo a los frutillos del “amor de hortelano” (Galium aparine). E. La lengua de vaca (Anchusa azurea) es una boraginácea con flores de un bello color azul intenso, aunque aquí se ven a contraluz. F. Colleja (Silene vulgaris, familia Cariofiláceas). Los brotes jóvenes de esta planta, hervidos, se han consumido como alimento. G. Esta es época de cardos. La especie representada es Carduus pycnocephalus, pero otros cardos florecen también ahora. H. Lavatera cretica, perteneciente a las malváceas, es una de las especies de malva. Tanto ella como algunas otras plantas que aparecen en estas imágenes se han llamado “nitrófilas”, plantas que prosperan en suelos ricos en nitrógeno. Por eso abundan en bordes de caminos y cultivos, donde el nitrógeno puede proceder de vertidos, residuos animales, fertilizantes,… (No voy a añadir nada sobre la expresión “criando malvas”.) I. Otra labiada es la gallocresta, Salvia verbenaca. Una curiosidad: según Rivera y Obón [2], “en el norte de África se utiliza la infusión de S. verbenaca para cuidar los pelos de la coronilla, zona por donde comienza muchas veces la calvicie”.

Fig. 5. Mariposas y coleópteros, una muestra de los que están activos ahora. A. La cardera o vanesa de los cardos, Vanessa cardui. B. Verde sobre verde: la cejialba (Callophrys rubi), posada sobre unas hojas de Cistus monspeliensis, un tipo de jara que florecerá un poco más tarde. El nombre común de la mariposa, cejialba, se debe al reborde blanco de sus ojos, un rasgo distintivo. C. Pararge aegeria, la maculada o mariposa de los muros, posada entre hojas de hiedra. D. Las imágenes no están a la misma escala; estos pequeños coleópteros (Lobonyx aeneus [3]) miden unos pocos milímetros de longitud, son bastante más pequeños que las mariposas de las fotos vecinas. Se pueden ver en muchas flores, pero abundan especialmente en las jaras de la especie Cistus albidus, donde se hizo la foto. Como otros muchos insectos, tienen un papel en la polinización.


Y es que encontramos ahora variedad de mariposas, tanto diurnas como nocturnas. ¿Os habéis fijado en lo indecisas que son muchas de ellas a la hora de posarse? Parece que han encontrado el sitio, reculan, se alejan, vuelven, lo intentan otra vez,… Son las Hamlets del mundo de los insectos. Yo lo noto sobre todo cuando estoy un rato esperando que se queden en un sitio para intentar hacerles unas cuantas fotos.

Y las aves, mientras están ocupadas en sus tareas de alimentación, migración o cría, nos proporcionan colores y sonidos (Fig. 6). No en vano son, en general, los vertebrados que más fácilmente dejan notar su presencia. Todos los años, hacia mediados de abril, como un reloj se oye el canto del cuco, en paso hacia sus lugares de aprovechada cría. Desde principios de mes hemos visto abejarucos; algunos se quedarán y otros seguirán viaje. Aviones y golondrinas ya estaban por aquí, como dije el mes pasado, pero los vencejos han llegado ahora. Uno de los primeros días del mes estuvieron por la zona donde vivo, pero hay que esperar a mediados o un poco más tarde para verlos volar de continuo sobre y entre los edificios de la ciudad. Volar de continuo, digo: duermen y se aparean en el aire. Ya hacia finales de mes dejarán de estar todo el tiempo en el aire para pasar una parte en el nido.

Fig. 6. Muchos pájaros están construyendo sus nidos, por eso se les ve con materiales en el pico, como esta curruca cabecinegra (Sylvia melanocephala, A) o el gorrión común (Passer domesticus, B). C. La mayoría de las golondrinas comunes (Hirundo rustica) volvieron de África el mes pasado. Ahora están emparejadas y se las puede ver en ocasiones cogiendo barro de charcos o acequias, también para construir sus nidos. D. Otras aves están ya empollando los huevos, como la cigüeña común (Ciconia ciconia) que este año de nuevo intenta la cría en los alrededores de Murcia.


A la cría siguen dedicadas muchas aves. Los pollos de algunas rapaces, como los de los búhos reales que nidifican cerca de la ciudad, ya están crecidos. Otras aves están ahora construyendo el nido (Fig. 6), incubando los huevos,… Y los cantos nos acompañan durante todo el día. En la ciudad, los gritos de los vencejos, la retahíla del verdecillo, el canto melodioso del mirlo y el no tan agraciado de los gorriones. En la huerta se suman bastantes más. Un paseo por ella, en soledad, sobre todo por la mañana temprano o al atardecer, disfrutando de los momentos en que el silencio sólo es roto por cantos de ruiseñores o de mirlos, puede ser una experiencia única (Vídeo 1). Es curioso que el canto de los mirlos parezca más animado e intenso los días lluviosos, al menos yo tengo esa sensación.

Vídeo 1. El ruiseñor (Luscinia megarhynchos) es, entre nuestras aves, la que creo que tiene un canto más bonito. No pude fotografiarlo ni filmarlo, pues estaba oculto en este cañaveral de los alrededores de Cabezo de Torres. Pero grabé su sonido, junto con el mucho más monótono del verdecillo (Serinus serinus).


No sólo las aves producen los sonidos que escuchamos en esta época (dejando aparte los humanos y los artificiales, claro). Están los grillos y otros insectos y, por supuesto, las ranas, cuyo croar se hace muy intenso en esta época. ¿Habéis visto cómo se dilatan sus sacos vocales cuando están cantando?

Vídeo 2. Ranas comunes (Pelophylax perezi) en una balsa de riego cercana a Murcia.


Sí; abril es un excelente mes para pasear por la huerta o por el monte. Es agradable incluso en días nublados (que han sido muy frecuentes en lo que llevamos de mes) o con lluvia (que también ha habido varios). Si nos vamos a los montes cercanos a Murcia, como los del Parque regional de El Valle y Carrascoy, podemos ver que las encinas o carrascas están en flor (Fig. 7). No son flores llamativas, no necesitan atraer a los insectos porque es el viento el que transporta su polen. Lo mismo ocurre con otros árboles y arbustos; no llaman la atención por la vistosidad de sus flores, pero tienen belleza, además de un papel ecológico fundamental; no quiero olvidarme de ellos en estas líneas (Fig. 8). Y en efecto, hay una especial belleza ahora en las carrascas, con las hojas nuevas y los grupos de flores masculinas colgantes, como cabelleras rubias.

Fig. 7. Es sabido que la carrasca o encina (Quercus rotundifolia, Quercus ilex ballota) es un árbol fundamental en la vegetación mediterránea. En esta época están en flor en el Parque regional de El Valle y Carrascoy. Los grupos de flores masculinas, llamados amentos, cuelgan de las ramas formando como cabelleras doradas.

Fig. 8. Otros árboles y arbustos que pueden verse en flor en abril, pero que no tienen flores llamativas. Los dos primeros están más asociados, en los alrededores de la ciudad, a la huerta y a las acequias. A. A principios de abril, cuando fue tomada la foto, muchas moreras (Morus alba) tienen sólo unas pocas hojas y dejan ver las flores; en este caso son flores masculinas, agrupadas y con 4 estambres cada una. Al final del mes, casi todas las moreras están ya cubiertas de hojas. B. En cambio, los chopos (Populus nigra) tardan más en echar las hojas. A mediados de mes (cuando se hizo la foto), pueden verse los amentos, agrupaciones de flores unisexuales, pero apenas hay hojas. C y D. Dos oleáceas, la primera cultivada, la segunda silvestre. El olivo (Olea europaea, C), árbol mediterráneo por antonomasia, está en plena floración por estas fechas, causando gran número de alergias. Por supuesto, también hay ejemplares silvestres de olivo, muchas veces con porte arbustivo más que arbóreo. También es arbustiva la olivilla o labiérnago (Phillyrea angustifolia, D). E. Espino negro (Rhamnus lycioides), uno de los arbustos típicos de nuestros pinares y áreas de matorral. Aunque sus flores son poco vistosas, parece que se poliniza principalmente por insectos, contribuyendo el viento en alguna medida. F. El lentisco (Pistacia lentiscus) es otro de los arbustos característicos del sotobosque de los pinares de la Región. Es una planta dioica, es decir, con ejemplares de distintos sexos. En este caso se trata de un pie masculino empezando a florecer.


Me despido con el mirlo y el poeta.

Vídeo 3. Mirlo (Turdus merula), en un árbol de Murcia. A pesar de los ruidos de la ciudad, sobre todo por el tráfico, se oye su canto.


Y el mirlo canta, huye por lo verde,

y sube, sale por lo verde, y silba,

recanta por lo verde venteante,

libre en la luz y la tersura,

torneado alegremente por el aire,

dueño completo de su placer doble;

entra, vibra silbando, ríe, habla,

canta... Y ensancha con su canto

la hora parada de la estación viva.

y nos hace la vida suficiente.

¡Eternidad, hora ensanchada,

paraíso de lustror único, abierto

a nosotros mayores, pensativos,

por un ser diminuto que se ensancha!

¡Primavera, absoluta primavera,

cuando el mirlo ejemplar, una mañana,

enloquece de amor entre lo verde!

(Juan Ramón Jiménez: “Y el mirlo canta”)


[1] Beltrán, V. (Ed.), 1990. La canción tradicional en la Edad de Oro. Barcelona, Planeta.

[2] Rivera Núñez, D. & Obón de Castro, C., 1991. La guía de INCAFO de las plantas útiles y venenosas de la Península Ibérica y Baleares (excluidas medicinales). Madrid, INCAFO S.A.

[3] Agradezco la identificación a Francisco Rodríguez (Faluke), Gabriele Franzini y Biodiversidad Virtual (www.biodiversidadvirtual.org).