• José M. Caballero

El ciclo anual en la ciudad: agosto

Agosto es el verano profundo, el mes en el que el ajetreo de las ciudades se minimiza y baja el ritmo de muchas actividades humanas, también el de numerosas actividades biológicas. Es, además, el mes de las perseidas, estrellas fugaces, y de la contemplación del cielo estrellado. Y algunos, contemplando el cielo (pero no las estrellas) a lo largo de los 24 primeros días de agosto, se atreven a pronosticar el tiempo que hará a lo largo de todo un año: las cabañuelas.

La media de las temperaturas máximas diarias puede superar los 34 ºC, y las precipitaciones, aunque superiores a las de julio, son muy escasas. Es probablemente el mes más duro para muchas especies de plantas, algunas de las cuales pasan por lo que podríamos llamar “letargo estival”.

Sin embargo, un paseo por los márgenes de la ciudad nos revela que hay plantas en plena floración (Fig. 1). En los bordes de caminos y carreteras abunda el hinojo (Foeniculum vulgare), planta a la que se atribuyen distintas virtudes medicinales (digestiva, carminativa, diurética,…), que florece y fructifica en esta época. Asimismo, hay parcelas en barbecho o labradas recientemente, y zonas de bordes de caminos, que se cubren de las florecillas blancas del matacán o corregüela lechosa (Cynanchum acutum), trepadora –pero nunca trepa mucho– cuyos tallos se enroscan en otras plantas y contienen un látex blanco que, cuajado, se utilizó como purgante. (Por supuesto, no debe hacerse uso de las plantas medicinales sin tener un conocimiento cierto de los métodos de preparación, dosis, propiedades y contraindicaciones.)

Fig. 1. (Izquierda y centro): Hinojo (Foeniculum vulgare), planta de la familia umbelíferas que desprende un olor característico. Las pequeñas flores se encontraban en agrupaciones llamadas umbelas por su aspecto, similar a un paraguas o sombrilla; en la imagen ya no son las flores, sino los frutillos en maduración los que presentan esa disposición. (Derecha): Corregüela lechosa o matacán (Cynanchum acutum). En esta asclepiadácea se pueden apreciar los tallos volubles que se enroscan alrededor de otras plantas para sostenerse y conseguir luz.


Distintas especies de cardos, como el cardo cuco (Carlina hispanica) también son de floración estival (Fig. 2). Otras, como el pepinillo del diablo (Ecballium elaterium), están ahora en flor, pues su largo periodo de floración puede durar casi todo el año. El pepinillo del diablo, de la misma familia que la calabaza y el melón (cucurbitáceas), tiene una forma curiosa de dispersión de las semillas (ver Fig. 2): cuando los frutos se desprenden, lanzan, a presión, un chorro de líquido con semillas que las puede alejar varios metros de la planta progenitora.

Fig. 2. (Izquierda): Cardo cuco (Carlina hispanica). La imagen muestra un capítulo, es decir, una agrupación de florecitas muy pequeñas y muy juntas, rodeada por brácteas (hojas modificadas) amarillentas y otras espinosas. La agrupación de flores en capítulos es típica de la familia compuestas, a la que también pertenecen plantas como las margaritas. El cardo cuco se ha utilizado en ocasiones para la decoración con flores secas. (Derecha): Pepinillo del diablo (Ecballium elaterium), de la familia cucurbitáceas. Muchas plantas son hermafroditas, pero en esta especie se pueden encontrar unos individuos masculinos y otros femeninos, como el de la imagen, en el que se aprecian los frutos “lanzadores de semillas” (ver texto).


Hay plantas, como los típicos árboles caducifolios (chopos, olmos, robles,…), que pierden sus hojas en invierno. Pero aquí, como decía antes, el verano también es una época muy dura, y algunos arbustos, como el cornical o la albaida (Fig. 3), se despojan de sus hojas en verano, y durante este mes los encontramos completamente pelados; probablemente las recuperarán con las lluvias de otoño.

Fig. 3. (Izquierda): Una mata de albaida (Anthyllis cytisoides) que ha perdido sus hojas y así pasa el verano. (Derecha): Una ladera en la que destacan principalmente tres colores: el amarillento lo proporciona el esparto; el verde, el palmito, y el grisáceo, la albaida sin hojas. Aunque la foto es de Calblanque, en la ciudad de Murcia y en su periferia la albaida también es abundante y pierde las hojas en verano.


Si muchas actividades humanas, y algunas vegetales, decaen durante este mes, no ocurre eso con numerosos insectos ni con otros invertebrados. Cuando vas paseando por el campo en agosto, y avanzas un paso, ves como brincan o revolotean varios saltamontes, tanto ninfas como adultos. Las chicharras, que ya mencioné en julio como responsables de vibración de la atmósfera diurna, continuan con su estridular, pero son los grillos los que llenan las noches (Fig. 4).

Fig. 4. (Izquierda y centro): dos saltamontes, insectos del orden ortópteros. El de la izquierda es Calliptamus barbarus, que ha dado lugar a numerosas “plagas de langosta” a lo largo de la historia. El del centro es probablemente Acrida ungarica, uno de los llamados “saltamontes narigudos” (aunque hay alguna especie muy parecida). (Derecha): Un grillo, también ortóptero. No se trata del grillo campestre o común, más conocido, que es de mayor tamaño y negro, sino de una de las especies que se conocen como grillos de los árboles, Oecanthus sp. (probablemente Oecanthus pellucens). Suelen encontrarse sobre arbustos o matorrales desde los que emiten su “canto” (estridular); son bastante abundantes en la periferia de Murcia.


“… Se apagaron los faroles y se encendieron los grillos”, dice un verso de García Lorca. Afortunadamente, los grillos siguen encendiéndose; en cambio, los faroles no se apagan, y esa contaminación lumínica nos impide ver bien las estrellas en las ciudades. Si intentamos evitarla apartándonos de la ciudad, podemos disfrutar de constelaciones no visibles en otras épocas del año, como Sagitario, el Cisne, Águila u Ofiuco (el cazador de serpientes). Este año también se ven, aparentemente cerca uno de otro, y sobre la constelación de Sagitario, Júpiter y Saturno (Figs. 5 y 6).

Fig. 5. Algunas estrellas y constelaciones que se observaron la noche del 17 de agosto, mirando aproximadamente al norte. 1: El Carro, parte de la Osa Mayor. 2: Canes Venatici, los perros de caza. 3: parte de la constelación de Draco, el dragón, mucho más extensa. 4: la Osa Menor. 5: la estrella Polar, que forma parte de la Osa Menor. Es sabido que, para localizar la Polar, lo más sencillo es prolongar unas 5 veces la parte trasera del Carro. Aunque la foto se tomó en una zona bastante apartada (Campillo de Adentro, Cartagena), se aprecia perfectamente la contaminación lumínica en la parte inferior de la imagen.

Fig. 6. Estrellas, constelaciones y planetas que se observaron la noche del 17 de agosto, mirando aproximadamente al sur. 1: Júpiter. 2: Saturno. 3: Antares, una de las estrellas más brillantes, que forma parte de la constelación de Scorpio. 4: Sagitario, el arquero, constelación que, como Escorpión, es del Zodiaco. La mancha blanquecina que difícilmente se aprecia en el arco de Sagitario, extendiéndose hacia arriba, es la Vía Láctea. El día de la foto aparecía muy tenue, otras veces se ve como un verdadero camino blanco. 5: Ofiuco, el cazador de serpientes.


Aunque estas notas lleven por título “El ciclo anual en la ciudad”, voy a terminar alejándome un poco de la ciudad, como hice para ver las estrellas. Y es que este mes la ciudad se queda bastante vacía y buena parte del “ambiente urbano” se traslada a otras poblaciones, sobre todo de la franja litoral, y a las playas. Una mañana de agosto puede haber más gente en el paseo entre los molinos de Quintín y La Calcetera, de San Pedro del Pinatar, que en una calle céntrica de Murcia. Y si recorremos ese paseo, y seguimos hasta Las Encañizadas y La Llana, podemos ver que ya están llegando aves migratorias, como varias especies de correlimos, combatiente o aguja colinegra. Estas aves, que pertenecen al grupo de las llamadas limícolas, crían en el norte de Europa. Algunos individuos se quedarán por aquí a pasar el invierno, otros seguirán su viaje a distintos puntos de la península Ibérica o a África (Fig. 7).

Fig. 7. (Izquierda): Correlimos común (Calidris alpina), conservando aún parte del plumaje estival, como la mancha negra del vientre. (Derecha): Combatiente (Philomachus pugnax). Ambos son Limícolas, un grupo de aves que reciben ese nombre porque muchas de ellas buscan su alimento, invertebrados, en el limo o fango de las orillas del agua. Las dos especies crían en el norte de Europa, y ya han realizado parte de su viaje migratorio postnupcial. Pueden verse en San Pedro del Pinatar en paso o como invernantes.


También en playas como La Llana podemos ver ahora en flor la hermosa azucena de mar (Pancratium maritimum), que, a pesar del nombre común, está más emparentada con los narcisos que con las azucenas (Fig. 8).

Fig. 8. Azucena de mar (Pancratium maritimum). Esta bella amarilidácea puede verse en flor durante el mes de agosto en distintas playas de la región (Calblanque, San Pedro del Pinatar, Calnegre,…).


¡Hasta septiembre!