• José M. Caballero

El ciclo anual en la ciudad: septiembre

Septiembre: final del verano y comienzo del otoño en el hemisferio Norte. El día 22, aproximadamente a las 15:31, los rayos solares inciden perpendicularmente en un punto del ecuador terrestre, lo que marca el equinoccio. En ese momento, la eclíptica (plano de la órbita terrestre alrededor del sol) corta al círculo ecuatorial en dos partes exactamente del mismo tamaño, pero a partir de entonces, y hasta que llegue el próximo equinoccio en marzo, la parte superior será mayor que la que quede por debajo de la eclíptica. También se dice que en el equinoccio el día (periodo con luz) y la noche duran aproximadamente lo mismo, 12 horas, en todos los lugares. Sin embargo, en Murcia por ejemplo, el periodo de luz del día 22 es de 12 horas, 8 minutos y 24 segundos, y cuando más se aproxima a las 12 horas justas es el día 25 (12:01:06). En otros puntos más próximos al ecuador las discrepancias son mayores, y confieso que ignoro la razón(1).


Aunque el clima mediterráneo del tipo que tenemos en la región se caracteriza por precipitaciones escasas y además irregulares, éstas se concentran principalmente en dos épocas del año, y una de ellas, la más importante, son los meses de septiembre y octubre. Este año, a la hora de publicar la presente nota, han caído algunas lluvias en Murcia y sus proximidades, pero nada comparable a las cuantiosas precipitaciones del año pasado.


Con las lluvias y el descenso de temperatura terminará la estivación de los caracoles, que han podido pasar meses arracimados en lo alto de matorrales u otros soportes con cierta altura (Fig. 1). Y mientras los caracoles reanudan su actividad, otros invertebrados la irán disminuyendo. Sí, ya se sabe que en esta zona, dadas las temperaturas, los insectos se mantienen activos durante un largo periodo, pero el estruendo de las cigarras se va debilitando día a día a medida que avanza el mes, y cada día empieza más tarde hasta que se apaga. Algunas especies de mariposas producirán en septiembre la última generación de individuos de la temporada, aunque podremos seguir viendo mariposas incluso en noviembre. Continúan las desbandadas de saltamontes, más numerosos que otros años. Y ciertos invertebrados que depredan sobre los insectos, como las arañas, también se mantienen activos (Fig. 1).

Fig. 1. A: Caracoles agrupados en racimo (grappe). Se encuentran en estivación o “letargo estival”, estado de inactividad que evita la deshidratación por las altas temperaturas y la baja humedad del suelo(2). En un caracol del centro puede apreciarse el epifragma (capa mucosa y calcárea que sella la abertura de la concha, evitando la pérdida de agua). B: La libélula azul, Orthetrum chrysostigma, una de las distintas especies de odonatos que están presentes durante esta época en la periferia de Murcia. C: La mariposa gris estriada, Leptotes pirithous, de la familia Licénidos. La planta sobre la que está es la llamada verrucaria (Heliotropium europaeum), que puede florecer casi en cualquier mes del año y se ha utilizado en medicina popular. D: Araña tigre (Argiope bruennichi), con su característico patrón de bandas amarillas, blanquecinas y negras. Se trata de una hembra, de tamaño muy superior al macho (unas cuatro veces mayor).


En las parcelas de huerta se siega la alfalfa ya crecida, o se ponen plántulas de apio, espinacas, ajos tiernos,… Las lluvias de la temporada contribuirán a su desarrollo. También es el tiempo en que maduran los membrillos (Fig. 2).

Fig. 2. (Izquierda): Parcela de huerta en Zarandona con plántulas de apio, ajos tiernos y espinacas. Están recién puestas, pero crecerán rápidamente en unas semanas. (Derecha): Membrillos, frutos del árbol Cydonia oblonga, ya casi maduros. La foto se tomó entre Murcia y Zarandona, el 11 de septiembre.


En cuanto a las plantas silvestres, encontramos algunas en flor. Puede ser porque son plantas de floración tardoestival-otoñal, o porque tienen un periodo largo de floración, que en algunos casos dura casi todo el año; también puede ocurrir que, siendo de floración primaveral-estival, queden todavía flores en algunas plantas (Fig. 4).

Incluso entre las baldosas de las aceras aparecen las florecillas de los abrojos (Tribulus terrestris), de frutos pequeños y espinosos (Fig. 3). En los bordes de caminos y cultivos se encuentra la olivarda o matamosquera (Dittrichia viscosa), que ya tuvo una primera floración hace unos meses. Y dos especies de esparragueras son abundantes en los alrededores de la ciudad, con sus pequeñas y numerosas flores: la esparraguera blanca y la esparraguera triguera (Fig. 3). En hábitats parecidos a los de las esparragueras, más de monte que de bordes de caminos, el lentisco muestra sus frutillos rojos (Fig. 4).

Fig. 3. A: Abrojo (Tribulus terrestris), una pequeña planta de la familia Zigofiláceas. Los frutos son minúsculos, pero tienen espinas aguzadas, y a ellos se refieren las palabras “tríbulo” y “abrojo”, que designan un arma o instrumento de castigo con cuatro puntas dispuestas en forma de tetraedro. B: La olivarda o matamosquera (Dittrichia viscosa), de la familia Compuestas, es una planta muy abundante en los bordes de caminos de la periferia de Murcia. C, D y E: Dos especies de esparragueras, de presencia frecuente en los alrededores de Murcia, y que florecen en esta época; pertenecen a la familia Asparagáceas. En C, Asparagus acutifolius, la esparraguera triguera, con sus florecitas amarillas. En D y E, Asparagus albus, la esparraguera blanca, muy espinosa, con pequeñas flores blancas.


Fig. 4. (Izquierda): Delphinium gracile, espuela de caballero. Esta ranunculácea florece durante la primavera avanzada y el verano en las laderas secas. Ahora, en septiembre, se encuentran los últimos restos de la floración. Se aprecia el espolón agudo que sobresale hacia arriba en la flor, al que alude el nombre común. (Derecha): El lentisco, Pistacia lentiscus, muy abundante en los montes de los alrededores de Murcia, es uno de los arbustos más característicos del matorral mediterráneo. Florece en primavera, o antes, y en septiembre se pueden ver los frutos, pequeñas drupas rojas no comestibles (para nosotros). La planta tiene diversos usos; por ejemplo, el jugo que exuda, llamado almáciga, se masticaba como chicle en la grecia clásica, y tanto éste como otras partes de la planta se han utilizado para fortalecer las encías.


Hay movimiento de aves a lo largo de todo el mes: unas se van, otras vienen, otras pasan. Terminado ya el periodo de cría en la mayoría de los casos, numerosas especies que han nidificado en la región emprenden su viaje migratorio, en el que muchas cruzarán el estrecho de Gibraltar. Se pueden poner bastantes ejemplos (Figs. 5 y 6), como los de vencejos, aviones y golondrinas de los que hablé en los meses anteriores. A mediados de septiembre, y un poco más adelante, el movimiento de abejarucos (Merops apiaster) ha sido muy conspicuo: se les veía volar sobre la periferia de la ciudad, y por los montes de alrededor, emitiendo su característico reclamo (¡chruuit!). En este caso, a los abejarucos que crían aquí y nos dejan, se suman los que están en paso, procedentes de otras localidades. Otras especies, como el cuco, no crían aquí pero sí pasan. Y también recibimos multitud de visitantes, de variedad de especies, que pasarán el invierno en estas latitudes (como distintos limícolas que mencioné el mes pasado, o los aviones roqueros, a los que veremos tras despedir a los aviones comunes).

Fig. 5. (Izquierda): El papamoscas gris (Muscicapa striata) cría en la región de Murcia, pero es un migrador transahariano. A lo largo de este mes (también parte de agosto y octubre) hay un paso bastante marcado; a los individuos que se van desde aquí se añaden otros, mucho más numerosos, que están en tránsito. Algunos podrían quedarse en esta zona durante el invierno. (Centro): El alcaudón común (Lanius senator) también migra a África, pero su paso es menos notorio que el del papamoscas gris. (Derecha): En cambio, su pariente cercano el alcaudón real (Lanius meridionalis), de tamaño algo mayor, es residente: permanece en la Península Ibérica tanto en invierno como en verano, aunque puede realizar desplazamientos reducidos postnupciales, que probablemente han dado lugar a que se viera con más frecuencia en los alrededores de Murcia a mediados de septiembre.


Fig. 6. (Izquierda) La situación de la golondrina común (Hirundo rustica), de la que ya he hablado en otras notas de esta sección, es parecida a la del papamoscas gris, pero son mucho más numerosas en la región. Se están yendo las que han nidificado aquí, pero además están pasando muchas otras que vienen de otras zonas de Europa y continúan su viaje a África. Seguirán pasando durante el mes de octubre, incluso podrán verse algunas en noviembre. (Derecha): La golondrina dáurica (Hirundo daurica o Cecropis daurica) se parece a la común, pero tiene la parte posterior del cuello y el obispillo (zona superior y final del cuerpo del animal, de donde salen las plumas de la cola) de colores blanco y rojizo. Su estatus es similar al de la golondrina común, y durante este mes se ven muchas en paso.


El rollo verde volverá en octubre con otros acontecimientos del ciclo anual. ¡Hasta pronto!


(1) Los datos de duración del día se tomaron de la página https://www.timeanddate.com/sun/

(2) Información tomada del texto de Alberto Martínez-Ortí en la sección “Los porqués de Mètode” (https://metode.es/los-porques-de-metode).