• José M. Caballero

EL MAR MENOR: CUATRO HITOS DE UNA DEBACLE ECOLÓGICA

Actualizado: 18 de may de 2020

El Mar Menor, situado para su desgracia en la región de Murcia, es una gran laguna litoral o albufera, aunque mantiene comunicación superficial con el Mediterráneo. Es una laguna salada, incluso se podría decir hipersalina, aunque este carácter se haya perdido, al menos parcialmente, en la actualidad.

Su singularidad y los valores naturales que presenta, tanto en la masa de agua como en las orillas o en las islas que lo salpican, han determinado que fuera objeto de diversas figuras de protección. Todo esto es bien conocido, así como los muchas impactos que ha tenido que sufrir a lo largo del tiempo: urbanización masiva y descontrolada a su alrededor, vertidos de metales pesados y de aguas residuales, comunicación artificial con el Mediterráneo que altera sus características peculiares, contaminación del agua debida a las embarcaciones,… Estas y otras agresiones han contribuido al deterioro del Mar Menor; sin embargo, la principal causa de la situación actual dramática, dudosamente reversible, es el proceso de eutrofización que en él se lleva a cabo desde hace décadas y que se debe sobre todo a la actividad agrícola desarrollada a su alrededor. Como decía, la eutrofización es un proceso que ocurre de forma continuada, pero voy a fijarme en cuatro momentos que han sido especialmente importantes para su comienzo o para la manifestación de consecuencias alarmantes.

Antes de tratar esos cuatro momentos, unas palabras sobre el fenómeno de eutrofización, que se refleja en la Figura 1.


Proceso de eutrofización.
Procesos de eutrofización

Figura 1. Representación esquemática de los principales acontecimientos del proceso de eutrofización.


El proceso comienza con un enriquecimiento en nutrientes minerales, que en este caso proceden principalmente de los cultivos que hay alrededor, y llegan a la masa de agua tanto por vía superficial como subterránea. La elevada concentración de nutrientes ocasiona un aumento, que puede ser explosivo, en la abundancia de algas unicelulares y otros organismos fotosintéticos del plancton, lo que también da lugar a proliferación de otros seres vivos que los consumen. La turbidez que se genera por esta abundancia de organismos en el agua obstaculiza la llegada de luz al fondo, por lo que las plantas y algas que allí viven ven reducida su capacidad fotosintética, y por tanto la producción de oxígeno, que además se consume en la descomposición de organismos que mueren. Las condiciones de falta de oxígeno favorecen los procesos anaerobios y son intolerables para una gran parte de los organismos, causando así la muerte del ecosistema.


Figura 2. Imágenes aéreas de una zona del entorno del Mar Menor, tomadas en distintos años (1956, 1981, 1997, 2016). Puede apreciarse cómo a lo largo de este tiempo se ha dado un gran aumento de los terrenos de regadío, y también se percibe un incremento de áreas urbanizadas. La zona representada pertenece a los municipios de Torre Pacheco, Los Alcázares y Cartagena. Las imágenes están tomadas del Sistema de Información Territorial de la Región de Murcia (sitmurcia.es).


1. Desencadenamiento: 1979

El primer hito, el pistoletazo de salida que marca el comienzo del proceso, es la llegada a Murcia de las aguas del trasvase Tajo-Segura en 1979. Obviamente, no voy a discutir aquí las consecuencias que el trasvase tuvo para la región o la polémica generada en torno a él; el caso es que, con las expectativas generadas por la llegada del agua, se pusieron en marcha cultivos de regadío, unos legales y otros ilegales, en los territorios que rodean el Mar Menor, así como en otras muchas áreas de la región de Murcia. Tal incremento exponencial de las zonas de regadío puede apreciarse en la figura 2. Ya en la imagen de 1981, dos años después de la llegada del trasvase, se observa un claro aumento de superficie dedicada a regadíos con respecto a la foto aérea de 1956, y continúa creciendo hasta 2016.


Evidentemente, en este tipo de cultivos, muy diferentes de la agricultura tradicional o de los secanos que hasta entonces habían ocupado parte de los territorios del entorno, se utilizan grandes cantidades de fertilizantes que contienen fosfatos, y sobre todo nitratos. Una parte de estos compuestos químicos llegará al Mar Menor por las ramblas (como la rambla del Albujón, de cuyo recorrido se puede ver un tramo en la figura 2) o por las aguas subterráneas. Esta agricultura intensiva, claramente insostenible y agresiva con el entorno, es el punto de partida del proceso de eutrofización.

2. Síntomas preocupantes: 1995

Ya en los años 80 habían llegado al Mar Menor medusas que no se encontraban en él de modo natural, como Rhizostoma pulmo y Cotylorhiza tuberculata, pero es en la década de los 90, especialmente a partir de 1995, cuando se manifiesta una superabundancia de estos animales, y en particular de la llamada ‘medusa huevo frito’ (Cotylorhiza tuberculata, Fig. 3).

Figura 3. La medusa huevo frito, Cotylorhiza tuberculata, que ha dado lugar a explosiones poblacionales en el Mar Menor.


Esta especie tiene una picadura leve, nada irritante o mucho menos que otras especies de medusas del Mediterráneo, pero su proliferación estival constituía una auténtica molestia para los bañistas, y por lo tanto una importante amenaza para el turismo. Por supuesto, se tomaron medidas para eliminarlas o para mantenerlas apartadas de las playas; consistieron esencialmente en barcos que se dedicaban a capturarlas y en redes-antimedusas para que no llegaran a las zonas de baño. Pero no se entendió, o se entendió pero no se quiso tener en cuenta, que la proliferación de medusas era un síntoma más del problema general de eutrofización que estaba ocurriendo. Cotylorhiza tuberculata se alimenta principalmente de pequeños animales y de otros organismos planctónicos, y era la abundancia de estos organismos (consecuencia a su vez del enriquecimiento en nutrientes) la que determinaba las explosiones poblacionales de Cotylorhiza. Los barcos y las redes anti-medusas aliviaron el síntoma durante años, pero no se iba a la raíz del proceso, que continuaba inexorable.

3. Alarma general: 2016

La alarma general cundió en la sociedad murciana al final de la primavera y en el verano de 2016. Fue entonces cuando el Mar Menor se transformó en una “sopa verde”, término que ha venido utilizándose con frecuencia desde entonces (véase, por ejemplo, el vídeo https://youtu.be/CHKIr93jMEM o la Fig. 4). Los ciudadanos se indignaron y se movilizaron, los científicos (que llevaban muchos años avisando del problema) se indignaron más de lo que estaban y plantearon medidas para afrontarlo. Los políticos se pusieron muy solemnes y se comprometieron a poner remedio al desastre, cosa que evidentemente no se ha hecho.


La expresión “sopa verde” se refiere, por supuesto, al color que toma el agua por la gran abundancia de fitoplancton (organismos fotosintéticos, la mayoría microscópicos, que flotan en la superficie del agua o relativamente cerca de ella, como muchas algas unicelulares). Además de color verdoso, el agua presenta una elevada turbidez, con lo que la visibilidad es muy reducida. Y está claro que éstas son manifestaciones de la eutrofización que no cesa.

Eutrofización Mar Menor. La Verdad.
Eutrofización Mar Menor.

Figura 4. Las aguas verdosas del Mar Menor, con una gran turbidez y la visibilidad reducida a medio metro aproximadamente. La imagen, tomada el 26/05/2016, es de un vídeo de ANSE y WWF.


Como consecuencia de la alarma social, un grupo de personas especialmente preocupadas y con iniciativa promovió la creación de una plataforma ciudadana, ‘Pacto por el Mar Menor’, que desde entonces desarrolla un trabajo impagable de concienciación, información y denuncia, incluso ante las instituciones europeas. Y así ha habido manifestaciones, reuniones informativas y de denuncia social en muchos foros y localidades, así como actos de protesta.


En el ámbito de la política también se han planteado diversas medidas, algunas de las cuales incluso se han puesto en marcha: construcción de tanques de tormenta para retener agua e impedir así la llegada de nitratos, creación de un comité científico para analizar la situación, proponer medidas y llevar a cabo un seguimiento,… Los resultados no han sido satisfactorios en modo alguno. Varios miembros del comité científico han presentado su dimisión por estar descontentos con respecto al modo de funcionamiento: pocas reuniones, caso omiso a muchas de sus propuestas, presentación sesgada de las conclusiones de sus trabajos,…


Otras medidas no han llegado a ejecutarse correctamente, entre las que destaca el llamado ‘vertido 0’: conseguir que no se viertan nitratos al Mar Menor. Desde 2016 (y por supuesto mucho antes) hasta ahora, las aguas con nitratos y fosfatos, además de otros contaminantes, han seguido llegando al Mar Menor por vía superficial (rambla del Albujón y otras) y por vía subterránea.

También se dispone de datos cuantitativos, tomados sistemáticamente, de diversos parámetros del agua que tienen importancia como indicadores del proceso de eutrofización: transparencia, turbidez, salinidad, concentraciones de clorofila, de oxígeno disuelto, nitratos, etc. Estos datos pueden consultarse en la página web “Canal Mar Menor” (www.canalmarmenor.es).

Pero, en definitiva, se puede decir que las medidas tomadas o planteadas desde 2016 no han servido para avanzar en la solución del problema.

4. Situación crítica: 2019

El momento más reciente en el que se produce una conmoción social al percibirse de forma palmaria la situación crítica del Mar Menor corresponde al 12 de octubre de 2019, cuando en varias playas de la parte norte de la laguna aparecen miles de peces, crustáceos, moluscos y otros animales muertos o moribundos (Fig. 5). La causa de este desastre fue, según el dictamen de los expertos, la falta de oxígeno. De hecho, si se consultan en la página web ‘Canal Mar Menor’ los datos que se toman sistemáticamente, los valores más bajos de oxígeno disuelto en todo el periodo registrado (de mayo de 2017 a octubre de 2019) corresponden al 26 y 27 de septiembre y a 1os dos primeros días de octubre de 2019, estando entre 3,94 y 4,49 g/m3.


Figura 5. Miles de peces y otros animales muertos en las orillas de la parte norte del Mar Menor. Ocurrió el 12 de octubre de 2019; ese día y los siguientes se recogieron varias toneladas de animales muertos. La causa de la mortandad fue la falta de oxígeno. Imagen de ANSE.


El desastre se difundió inmediatamente en las redes sociales, y la prensa lo trató ampliamente los días siguientes, así como la radio y la televisión, tanto regional como nacional.

El Gobierno regional entró en pánico, creo que más por la proximidad de las elecciones que por la situación real de la laguna. En un principio señaló únicamente a la DANA como causa de la catástrofe, lo que le reportó una DANA de críticas. Luego se comprometió a poner todos los medios para solucionarlo, diciendo a continuación que debía ser el Gobierno central el que se ocupara, etc. etc. Después de tiras y aflojas, se preparó un decreto para la protección integral del Mar Menor, publicado en el BORM del 27 de diciembre de 2019. En él se plantean una serie de medidas cuya materialización y efectividad no está claro cuándo veremos, pero que han sido muy criticadas por científicos y grupos ecologistas, que las consideran completamente insuficientes.


Con motivo de esta situación crítica, también salieron a la luz, o se nos recordaron, algunos desmanes perpetrados y cometidos (presuntamente) por personas o entidades que deberían ser procesadas, y consentidos, pasados por alto o incluso favorecidos por el Gobierno regional: pozos clandestinos, desalobradoras ilegales, tuberías que vierten al Mar Menor o a las ramblas que desembocan en él, muchas hectáreas de regadíos ilegales (entre 9500 y 20000, según las fuentes).

El día 25 de octubre, una gran manifestación (55000 personas según la policía) recorrió las calles de Cartagena, exigiendo soluciones, pidiendo justicia y criticando la acción y la inacción de los Gobiernos en relación con este problema.


En los últimos meses, el asunto del Mar Menor ha quedado oscurecido o relegado a un segundo plano por las terribles circunstancias relacionadas con la pandemia, pero la situación no ha mejorado en absoluto. Al contrario, se han dado eventos meteorológicos que han incrementado la llegada de nitratos, y se han registrado niveles muy elevados de clorofila. La evolución del estado del Mar Menor en la última temporada será objeto de un artículo próximo.


Llegado este momento, uno puede preguntarse si se ha alcanzado un punto de no retorno. Pero incluso pensando que el estado del Mar Menor es difícilmente reversible, se deben tomar de forma inmediata todas las medidas necesarias para intentar mejorarlo sustancialmente. Y se deben buscar responsables: responsables materiales de la situación y también responsables políticos. Ya ni siquiera es suficiente la conocida expresión “quien contamina paga”: quien contamina paga, deja inmediatamente de contaminar de forma insostenible y arregla de la mejor manera posible el desastre provocado. Y los responsables políticos también pagan.