• José M. Caballero

SOSS MAR MENOR


El Mar Menor desde el molino de Quintín (San Pedro del Pinatar). Febrero, 2015.

El Mar Menor, terrenos que lo rodean y La Manga desde el Cabezo del Horno. Enero, 2017. Se pueden ver dos factores de la intensa presión humana que sufre la laguna: el urbanismo desenfrenado y la agricultura intensiva.

Un trozo de la parte sur del Mar Menor, con Isla Rondella y La Manga, desde Calblanque. Noviembre, 2019



Según la información de Wikipedia, el término SOS, utilizado para pedir auxilio, significaba originalmente Save Our Ship (salvad nuestro barco) o Save Our Souls (salvad nuestras almas). Ahora se trata de salvar nuestro Mar Menor: Save Our Smaller Sea, o algo parecido, por eso he puesto dos eses juntas en el título. Save Our Smaller Sea. SOSS, SOSS, SOSS.

La petición de auxilio es ya casi desesperada. Desde hace décadas sabíamos que, de no actuar con presteza y eficacia, el proceso de eutrofización conduciría a una degradación irreversible a la que parece abocada nuestra laguna (hiper/ya-no-hiper)salina. No se ha actuado tras sucesivas llamadas de atención a lo largo de años. No se ha actuado tras la “sopa verde” de 2016, no se ha actuado tras la mortandad de octubre de 2019, y tampoco se ha actuado tras la mortandad reciente. Perdón, sí se ha actuado. Muchos políticos se han aplicado una famosa frase, convenientemente modificada: “No te preguntes qué puedes hacer por el Mar Menor; pregúntate, más bien, cómo puedes endosar a otros la culpa del desastre provocado y consentido”. Esa ha sido la actuación vergonzosamente estelar.

Este era el aspecto del Mar Menor desde la Marina del Carmolí unos pocos días antes del episodio de mortandad de organismos en octubre de 2019.

Y este era el aspecto unos meses después, en enero de 2020, desde las cercanías del molino de Quintín (San Pedro del Pinatar).


Decía que se pide agónicamente socorro para el Mar Menor. ¿Pero a quién se pide? ¿A los políticos? ¿A los gobernantes? ¿A los científicos?

Los científicos tienen la capacidad de diagnosticar el problema, evaluar su alcance, predecir posibles consecuencias, y plantear soluciones. Les podemos pedir eso: que trabajen rigurosamente, sin mediatización política, minimizando los riesgos de errores que indudablemente se pueden cometer. También puede haber discrepancias en la comunidad científica, pero las reduciría al mínimo una discusión razonada, sin presiones políticas, basada en los datos disponibles o en los que haya que obtener para resolver los problemas.

Ha quedado claro que la principal causa de la eutrofización procede de la actividad agroindustrial: son los nutrientes que llegan a la laguna desde los terrenos cultivados, a través de las aguas superficiales y subterráneas. Podemos preguntarnos qué cantidad de nutrientes llegan a través de las aguas superficiales y cuántos llegan por las subterráneas, cómo se reduciría la llegada eliminando los regadíos ilegales o aplicando algunas de las medidas propuestas. Podemos preguntarnos en qué medida contribuyen otras actividades humanas a la eutrofización. Los científicos deben responder a estas cuestiones y a otras, pero no tienen atribuciones para imponer la ejecución de las medidas que conducirían a la salvación del Mar Menor.

Peces, crustáceos y otros organismos muertos a orillas del Mar Menor (zona sur), en el episodio de agosto de este año.


Los políticos, y en particular los que tienen responsabilidades de gobierno, sí tienen la capacidad de tomar las decisiones y aplicar las medidas necesarias para intentar salvar la laguna, pero, como acabo de decir, hasta ahora no lo han hecho, y no se ven indicios de que su actitud vaya a cambiar, a no ser que alguna circunstancia especial los obligue a hacerlo.

Y la circunstancia especial, que no ha sido la sopa verde ni los episodios de mortandad de organismos, puede ser la indignación de la gente, de la ciudadanía.

Ése es el destino de la petición de auxilio: la gente, la ciudadanía. Petición casi desesperada, escribía antes, y el casi lo mantiene la gente. Todo este tipo de asuntos –la demanda de justicia, de medidas sociales, de sostenibilidad, de protección de los valores naturales, etc.– tienen que partir de la base, del pueblo. No podemos esperar que los gobernantes las saquen a colación motu proprio, hay que ¿pedírselo?: no; exigírselo. Por eso el SOS Mar Menor es una llamada de auxilio que se dirige a toda la sociedad, a ti, a ti, a usted, a vosotras,... ¡Salvemos el Mar Menor!

Garza real (Ardea cinere) en la Marina del Carmolí.



Por eso se deben conseguir antes de fin de mes las 500.000 firmas que se necesitan para que el Mar Menor tenga personalidad jurídica. Si aún no habéis firmado, hacedlo, por favor. Por eso la manifestación del 7 de octubre debe ser un clamor unánime e indignado que obligue a los responsables a dar todo para que el Mar Menor se salve. ¡Allí nos vemos!

Tarde con nubes en el Mar Menor. 14/01/2018.