• José M. Caballero

Un mes, un lugar. Agosto, la costa entre El Portús y La Azohía

La zona a la que vamos este mes merece ser visitada a lo largo de todo el año. En primavera temprana, con numerosas especies de plantas en flor, es muy gratificante pasear por ella. Es verdad que en agosto el calor se hace difícilmente soportable a veces, pero siempre se puede salir temprano y programar un itinerario que alterne ratos caminando con otros de descanso, baño y buceo en alguna cala. Otra opción complementaria de la anterior, que a mí me resulta particularmente atractiva, es recorrerla en kayak de mar, parando también en distintas calas. A la hora de redactar estas líneas para describir la ruta, voy a imaginar que la realizamos en kayak de mar.


Varias figuras de protección afectan al territorio considerado, sobre todo dos: la parte terrestre está dentro del Parque regional de Sierra de la Muela, Cabo Tiñoso y Roldán; una franja de mar, desde la orilla hasta 50 m de profundidad, pertenece a la Reserva marina de Cabo Tiñoso – La Azohía.

Fig. 1. La zona costera situada entre El Portús y La Azohía. En concreto, el territorio al que se refiere este artículo comprende desde la población de La Azohía hasta La Aguja. Se ha tomado como referencia la imagen satélite de Google Maps y se han añadido los rótulos y las flechas rojas, que indican el recorrido en que se basa el texto.



Cabo Tiñoso y la Punta de la Azohía son los extremos de una especie de península de tamaño muy reducido, que tiene al este una pequeña bahía, o ensenada, entre Cabo Tiñoso y La Aguja, y al oeste la Bahía de Mazarrón (Fig. 1). El territorio que visitamos comprende desde La Aguja hasta la población de La Azohía: sierras litorales con montañas bajas, aunque escarpadas, y costa rocosa en su mayor parte (no al oeste de La Azohía), interrumpida por calas asociadas a desembocaduras de ramblas o barrancos. En varias calas se forman pequeñas playas por acumulación de materiales sedimentarios de tamaño entre arena y cantos.

Fig. 2. La pequeña bahía entre La Aguja y Cabo Tiñoso, desde los montes próximos a Cala Aguilar. Se dan los nombres de algunos puntos destacados (ver texto para más información).

Fig. 3. La misma bahía representada en la Fig. 2, pero ahora desde el lado opuesto, desde la carretera a las fortalezas de Cabo Tiñoso.


Comenzamos a recorrer la zona desde el este, pasando La Aguja (Figs. 2 y 3). Las principales calas que encontramos son, por este orden, Cala Aguilar (Fig. 4), Bolete Chico, Bolete Grande (Fig. 5), Cala del Nido de Avispa (Fig. 6) y Cala Salitrona (Fig. 7). En estas calas aparecen comunidades de plantas halófitas, es decir, que soportan una alta concentración de sales. Varias especies que en agosto se ven en flor están representadas en la Fig. 8.

Fig. 4. Izquierda: Cala Aguilar. En ella desemboca el Barranco de la Muela. Subiendo un poco desde la cala se encuentra la Cueva de Neptuno, con un pequeño “lago” subterráneo en el que se mezclan agua dulce y salada Los montes que se ven en la imagen son el Cabezo Colorado (a la izquierda) y el Cabezo del Comandante. Derecha: La playa de Cala Aguilar, como las de otras calas de la zona, se forma por acumulación de materiales sedimentarios de distintos tamaños, entre arena y cantos.

Fig. 5. Izquierda: la Cala del Bolete Chico está en la desembocadura de la Rambla de la Pistolera. Un poco más arriba de la cala, en el camino a Campillo de Adentro, hay una fuente (Fuente de la Pistolera), formada en el contacto de los materiales carbonatados, permeables, con los metamórficos impermeables que están debajo. En la imagen se ve la Casa de los Boletes, antiguo cuartel de la Guardia Civil. Derecha: En la desembocadura de la Rambla de los Boletes está la Cala del Bolete Grande. La imagen muestra también los efectos de la erosión diferencial al lado de la cala: materiales más resistentes que quedan como puntas que se internan en el mar. En el segundo monte tras la cala se encuentra la formación denominada “el Cantalar”.

Fig. 6. A. El Cantalar, entre el Bolete Grande y la Cala del Nido de Avispa, es una acumulación de grandes bloques de roca desprendidos, quizá por desestabilización de los estratos subyacentes. Se trata de rocas carbonatadas, calizas o dolomías. B. En algunas calas de la zona pueden observarse estructuras de este tipo, numerosos orificios excavados en la roca. Son producidos por la “erosión alveolar”, que da lugar a estas formas en “nido de avispa”. C. Creo que justamente a eso se debe el nombre de esta cala, en la desembocadura de la Rambla de los Siete Cucones. La terraza costera que forma la pared que la limita nos cuenta una interesante historia de sedimentación, formación de paleocanales con arrastre de los sedimentos e interrupción de los estratos. En la esquina superior derecha de la imagen se encuentra el arco natural de La Picadera, mostrado con más detalle en D, imagen en la que también aparecen algunas cuevas, pues los materiales carbonatados de la zona están sometidos al proceso kárstico.

Fig. 7. Izquierda: Cala Salitrona, en la desembocadura del Barranco de la Chapa. Los grandes barcos que están siempre en la zona tienen un impacto paisajístico importante; no sé si además tendrán otros efectos negativos. En todas las calas de la ensenada, pero especialmente en Cala Salitrona por su situación, se acumulan residuos, sobre todo botellas y otros objetos de plástico. Algunos pueden ser dejados en la cala por excursionistas, pero creo que la mayoría son tirados al mar, muchas veces desde los barcos, y el mar los deposita en las calas. Derecha: Además de residuos artificiales, también aparecen, en menor cantidad, restos naturales: algas, plantas, peces muertos (como la morena, Muraena helena, de la imagen), delfines, tortugas,…

Fig. 8. Varias especies de plantas que aparecen en las calas y pueden estar en flor en agosto. A y B. Flores y hojas, respectivamente, de Limonium cossonianum, saladilla. Es una planta halófita, como la siguiente, y en las hojas presenta glándulas que excretan el exceso de sales, por eso se ven manchas blancas en ellas. C. Otra saladilla, Limonium angustebracteatum, perteneciente a la Familia Plumbagináceas, como su congénere. D. El hinojo de mar, Crithmum maritimum, es una umbelífera que soporta cierto grado de salinidad, pero no tanta como las especies anteriores. E. La adormidera marina, Glaucium flavum, pertenece a la Familia Papaveráceas, como las amapolas (a las que se parece, aunque los frutos de esta son mucho más largos). F. Margarita de mar, Asteriscus maritimus, una compuesta muy común en todo el litoral de la Región de Murcia.



Desde Cala Salitrona continuamos nuestra ruta, bordeando el lado norte de esa franja montañosa que se interna en el mar y que tiene su extremo en Cabo Tiñoso. Antes de llegar a él dejamos atrás las tres baterías militares de la zona: El Atalayón, Castillitos y El Jorel. Se construyeron en la primera parte del siglo XX y estuvieron en funcionamiento hasta los años 90; en los 80 fueron declaradas Bien de Interés Cultural. Merece la pena visitarlas, por conocerlas y por disfrutar de los paisajes que se ven desde allí.

Fig. 9. Izquierda: Cabo Tiñoso visto desde el noreste. En la parte alta se ven las baterías de costa: de derecha a izquierda, El Atalayón (la más elevada), Castillitos y El Jorel. Un poco más a la izquierda, el faro de Cabo Tiñoso. Se construyó en 1859 y es el más potente de la costa murciana, con un alcance de 24 millas náuticas. Derecha: Cabo Tiñoso, con el faro, visto desde el otro lado, desde el sur.



Una vez que pasamos Cabo Tiñoso (Fig. 9), empezamos a recorrer el borde sur de esa pequeña península de la que hablaba al principio. Se trata de un tramo de costa muy escarpada, en la que de momento no encontramos ninguna cala. Rebasamos Cabo Falcón, el hermano de Cabo Tiñoso, y nos detenemos en un magnífico arco natural (Fig. 10).

Fig. 10. Izquierda: Un tramo de costa entre Cala Abierta (se encontraría más cerca de nosotros) y Cabo Falcó (más allá). A lo lejos se ve el arco natural que está en la imagen de la derecha con más detalle y desde el nivel del mar. Este arco se ha formado por erosión diferencial en los estratos inclinados de calizas.



He aludido antes a los paisajes. Podemos recorrer esta zona por el mar o caminando por tierra, pero en ambos casos tendremos que detenernos una y otra vez para contemplar el paisaje. No son paisajes plácidos, son ásperos, con predominio de las líneas quebradas sobre las onduladas y con poco verde, pero hay en ellos belleza y magnificencia (Fig. 11).

Las rocas y el relieve son, sin duda, elementos destacados en estos paisajes. Las más abundantes son las rocas carbonatadas: calizas y, en menor medida, dolomías. De color gris o crema, forman paredes y acantilados, presentándose a veces con aspecto masivo y otras con una clara disposición en estratos, más o menos inclinados, plegados o rotos. Todas estas rocas carbonatadas son del Triásico, el primer periodo de la era Secundaria, y bajo ellas se encuentran materiales metamórficos más antiguos (esquistos, cuarcitas,...), que muchas veces afloran en superficie. No faltan los enclaves de rocas ígneas, como basaltos, producto de la actividad volcánica que se dio hace unos pocos millones de años.

Fig. 11. Izquierda: Un tramo de la costa entre la Punta de la Azohía y Cala Abierta. Derecha: El tramo correspondiente a Cala Abierta y sus proximidades. Los bordes de ambas imágenes se solapan. Abajo se añaden algunos nombres. Se aprecian las laderas profundamente excavadas por cauces de barrancos, que en su desembocadura forman calas. Las mayoría de las rocas que se ven son rocas carbonatadas, sobre todo calizas triásicas de color crema. El monte más alto de toda la zona es el Cerro de la Picadera, con 409 msnm.



La vegetación es muy interesante, pero no frondosa precisamente. Hay escasez de árboles, apenas algunos grupos de pinos carrascos en lugares favorables, principalmente umbrías. Dominan las laderas matorrales y espartizales, los primeros más abundantes en las umbrías, los segundos en las solanas. Una especie protegida, interesante, y que aparece sobre todo en los terrenos orientados al mar es el cornical (Periploca angustifolia). Su distribución geográfica se reduce al sureste de la Península y el norte de África. En las Fig. 12 y 13 pueden verse algunos elementos característicos de estos tipos de vegetación.

Fig. 12. A. En muchas laderas de solana, la especie dominante es el esparto (Stipa tenacissima), una gramínea a la que en la Región se le han dado numerosos usos que se van perdiendo. B. El albardín o falso esparto (Lygeum spartum) es otra gramínea abundante en el territorio, aunque menos que la anterior. Ambas especies florecen en primavera, por lo que en agosto lo que podremos ver son las espiguillas secas (aparte de tallos y hojas). C, D y E. En cambio, el cornical (Periploca angustifolia) florece durante gran parte del año. En agosto veremos unas pocas matas con flor, pero otras muchas habrán perdido las hojas (D) y no las recuperarán hasta el otoño. Habrá además plantas con los frutos abiertos y las semillas saliendo de ellos y dejándose llevar por el viento (E), aunque esto se ve más en julio. F. Tampoco está ahora en flor el palmito (Chamaerops humilis), pero sí muestra los frutos, llamados dátiles de zorra. G. Espino negro (Rhamnus lycioides), otro arbusto típico de estas zonas de matorral. También puede estar en fruto en esta época. H. Y, aunque la mayor parte de la floracion se dio en los dos meses anteriores, todavía vemos numerosas flores de adelfa o baladre (Nerium oleander), planta propia de los cauces de las ramblas.

Fig. 13. Otras especies de estos montes que pueden florecer en agosto. A. El romero (Rosmarinum officinalis, Salvia rosmarinus) puede echar flores en agosto y también en cualquier otro mes del año. Aparte del cornical, es de los pocos arbustos que acompañan habitualmente al esparto en las laderas de solana. B. Teucrium carolipaui subsp. fontqueri es un poleo de monte endémico del sureste de la Península. En agosto podrán verse los restos de una floración que tuvo lugar antes. C y D. También quedarán unas pocas plantas de cardo cuco con sus flores amarillas (Carlina hispanica, Carlina corymbosa), y algunas más de cardo heredero (Atractylis humilis) con las suyas de color violeta. E y F. Dos monocotiledóneas que están en plena floración, en el primer caso, y empezándola en el segundo: cebolla albarrana (Drimia maritima, Urginea maritima, E) y flor de la estrella (Lapiedra martinezii, F). G. Hypericum ericoides (pinito de oro), una planta rupícola. H. También en lugares rocosos o pedregosos se encuentra el té de roca (Chiliadenus glutinosus). I. A diferencia de otras violetas, que son herbáceas, Viola arborescens es un arbustillo enano que puede encontrarse en flor bastantes meses del año. J. Espuela de caballero, Delphinium gracile, una ranunculácea que estará echando sus últimas flores.



Pero sigamos nuestra ruta. Al poco tiempo de pasar el arco natural, llegamos a Cala Abierta, y tras ella está Cala Cerrada (Fig. 14). Los dos nombres contrastantes nos señalan la principal

diferencia entre ambas, las dos calas más importantes de este borde sur de la minipenínsula. Y probablemente el hecho de estar más o menos expuesta a los movimientos del agua marina ha determinado, en parte, que en Cala Abierta no se forme una playa, y sí en Cala Cerrada. Además, el barranco que desemboca en Cala Abierta es bastante más reducido que los dos que desembocan en Cala Cerrada.

Fig. 14. A. Cala Abierta, en primer término, y tras ella Cala Cerrada. Puede apreciarse también la vegetación de espartizal-matorral que cubre las laderas dejando mucho terreno descubierto. B. Cala Cerrada, con su playa. C. Las calizas de Cala Cerrada (el plano inclinado de la derecha en B) sufren el proceso kárstico, lo que hace que se disuelvan superficialmente y presenten una superficie muy irregular, un lapiaz.



Nos vamos acercando a la Punta de la Azohía, pero justo antes de llegar a ella encontramos la Torre de Santa Elena (Fig. 15), construida en el siglo XVI y que presenta la peculiaridad de tener planta hexagonal. Formaba parte de la primera línea de torres vigía, al lado de la costa, que servían para percatarse y avisar de la llegada de piratas berberiscos, cuyas incursiones se sucedieron a lo largo de los siglos XVI-XVIII.

Fig. 15. La Torre de Santa Elena, muy cerca de la Punta de la Azohía.



Pasamos la torre, doblamos la Punta de la Azohía y llegamos al final de nuestra ruta, el pueblo de La Azohía (Fig. 16). Observamos cómo a partir de aquí la costa se hace más baja, no rocosa sino con predominio de materiales sedimentarios, y aparecen praderas de posidonia que dan lugar a hábitats de alta biodiversidad de nuestro medio marino.

Fig. 16. Izquierda: Abajo, en primer término, la población de La Azohía. Se distingue el pequeño puerto y el tramo final de la Rambla de Bocaoria, que forma un pequeño delta al desembocar. También se ve parte de la Bahía de Mazarrón. Derecha: Es sabido que la posidonia, Posidonia oceanica, no es un alga sino una planta superior, una planta con flores que pertenece a la Familia Posidoniáceas. Sus hojas, como muestra la imagen, tienen forma acintada, y al deprenderse se acumulan en grandes cantidades en la orilla.



No he hablado de animales en todo el recorrido, y querría decir algo sobre ellos. Realmente, la mayor densidad de vida animal la encontramos en el mar, sobre todo en algunos tramos de costa rocosa y en las praderas de posidonia, aunque por desgracia no dispongo del material necesario para reflejar esa riqueza en fotografías. Pero insisto en que bucear un rato, aunque sólo sea con gafas y tubo, en algunos de los lugares de este territorio es una experiencia fascinante.

En el medio terrestre la densidad de animales es probablemente menor que en ambientes más productivos, limitada por la escasez de precipitaciones que también restringen la biomasa vegetal, pero no deja de tener gran interés. Destaco la presencia de rapaces como búho real, águila perdicera y halcón peregrino. Y como no quiero alargarme más (¡ya es bastante!), voy a terminar poniendo algunos ejemplos de la fauna del territorio en las Figs. 17, 18 y 19.

Fig. 17. Dos ejemplos de aves marinas que se ven en la zona. Izquierda: Gaviotas de Audouin (Larus audouinii, Ichthyaetus audouinii) cerca de la Punta de la Azohía. Estas gaviotas no son las más comunes; abundan más las omnipresentes gaviotas patiamarillas (Larus michahellis) y las reidoras (Chroicocephalus ridibundus). Derecha: Charrán patinegro (Sterna sandvicensis) cerca de La Azohía. Además de charranes y gaviotas, se pueden ver en el territorio otras aves marinas, como cormoranes y pardelas.

Fig. 18. A, B y C. La collalba rubia (Oenanthe hispanica, A), la collalba negra (Oenanthe leucura, B) y la cogujada montesina (Galerida theklae, C) son pajarillos relativamente abundantes en las secas laderas. El chotacabras pardo o cuellirrojo (Caprimulgus ruficollis) es mucho más escaso; lo hemos visto en invierno en las cercanías de Campillo de Adentro.

Fig. 19. Una muestra de invertebrados terrestres: un arácnido y varios insectos presentes en el territorio visitado. A. Argiope lobata, una de las llamadas arañas tigre, es bastante abundante en algunos parajes durante el mes de agosto. B. El duende, Nemoptera bipennis, es un neuróptero. La planta sobre la que se encuentra es Launea arborescens, rascamoños. C. Graphosoma semipunctatum, la chinche punteada, es un insecto hemíptero. Está posado en un cardo corredor, Eryngium campestre. D. Un himenóptero, probablemente Cryptocheilus discolor (Familia Pompilidae), sobre Crithmum maritimum, el hinojo de mar. E. Hembra de la libélula Sympetrum fonscolombii. F. La palomita arlequín, Utetheisa pulchella, es una mariposa nocturna de costumbres diurnas. Está posada en una verrucaria, Heliotropium europaeum. G. Hipparchia fidia, festón blanco, es una mariposa diurna de la Familia Ninfálidos. Es abundante en el territorio, pero en agosto ya es un poco tarde para verla. H. En las cumbres de algunos cerros se puede encontrar este otro bonito ninfálido, la mariposa del madroño (Charaxes jasius). El ejemplar de la imagen se fotografió en las cercanías del Cerro de los Siete Cucones.