• José M. Caballero

Un mes, un lugar. Diciembre, Marina de Cope


La Marina de Cope desde los montes próximos a Lomo del Bas


La Marina de Cope desde la parte alta de Cabo Cope.



La llanura, al lado del mar, que se extiende entre Cabo Cope y los montes de Lomo del Bas y Calnegre es un lugar especial. Como tantos otros, diréis. Sí, pero este es especialmente especial. Pocas llanuras costeras quedan sin urbanizar en nuestro Mediterráneo; la Marina de Cope (1) es una de ellas, y no por falta de ganas. Sobrevivió al intento de instalar en ella una central nuclear en los años 70 del pasado siglo. Ha sobrevivido a una desalmada desprotección que tuvieron que revocar los jueces, y a unas ansias desmedidas de urbanización en algo tristemente calificado como “Actuación de Interés Regional”. Ahí está, sin dejar de recibir agresiones y daños ambientales que no podemos esperar que resista indefinidamente.

En otoño e invierno, con poca gente en las playas, son muy agradables los paseos al lado del mar, y más si tenemos la oportunidad de observar aves invernantes y disfrutar de hermosos paisajes, aparte de otras numerosas ecoexperiencias; por eso planteamos esta visita en diciembre. Después de dar un paseo por los alrededores de la Torre de Cope, podemos recorrer el tramo de costa entre Playa del Rafal y Cala Blanca (Fig. 1).

Fig. 1. La Marina de Cope. El recorrido propuesto, tras un paseo por los alrededores de la Torre de Cope, va de la playa del Rafal a Cala Blanca. Las imágenes están modificadas a partir de Google Maps.



Toda la ruta la hacemos por costa baja, de Cabo Cope a Calnegre no encontramos prácticamente acantilados altos. Esa costa baja es más o menos rocosa en muchas partes, debido a las dunas fósiles o a la terraza costera que se ha formado, pero hay a lo largo de ella una sucesión de playas, relacionadas principalmente con desembocaduras de ramblas (Fig. 2). El mar redistribuye y vuelve a depositar los materiales (arena, grava,...) que le llevan las ramblas, y a su vez erosiona cuando las olas rompen y golpean la terraza costera o las dunas fósiles, consiguiendo de esta forma más materiales para transportar y sedimentar (Fig. 3). En esta costa baja, los colores claros de las calcarenitas y margas contrastan con los muy oscuros que vemos un poco más allá, en Calnegre, por los esquistos casi negros que tocan el mar. También podemos observar que en numerosos lugares la terraza costera está formada por multitud de fósiles, sobre todo pectínidos (tipo “conchas de peregrino”) y ostreidos, cementados por carbonato cálcico y con una matriz de arena que da un tacto áspero (Fig. 4).

Fig. 2. La Playa de la Galera, con el pequeño islote en la parte central, es una de las más bonitas de la Marina.

Fig. 3. Izquierda: La acción erosiva del oleaje proporciona fragmentos que, junto con los aportados por las ramblas (estos últimos muy mayoritarios), son depositados y redistribuidos por olas y corrientes marinas, formándose así las playas (derecha). Muchas de ellas están ligadas a desembocaduras de ramblas.

Fig. 4. Izquierda: Terraza costera. Aparece en diversos lugares de la Marina, siempre al lado del mar, y está formada por conglomerados o por calcarenitas que contienen numerosos fósiles, como los que se ven a la derecha. Derecha: Conchas fósiles de moluscos, entre los que destacan pectínidos y ostreidos. Estas conchas, cementadas por carbonato cálcico y con arena entre ellas, dan lugar a un conglomerado bioclástico.



Mientras vamos de cala en cala, algunas verdaderamente espléndidas, veremos distintos tipos de formaciones vegetales, predominando claramente las de matorral (Fig. 5). Abundan las plantas halófilas y halonitrófilas, en particular en los cauces de algunas ramblas como la rambla del Saladar.

Fig. 5. La vegetación natural de la Marina de Cope está constituida principalmente por distintos tipos de formaciones de matorral, que puede llegar casi hasta la orilla del mar y se mezcla con espartizales (izquierda) o albardinales. Sin embargo, buena parte de la superficie del territorio ya no presenta vegetación natural, sino que está ocupada por cultivos, como se ve en segundo plano en la imagen de la derecha.



Este territorio alberga muchas especies interesantes, aunque pocas estarán en flor ahora (Figs. 6-9); por ello, entre otras razones, no perdamos la oportunidad de visitar la Marina también en otros periodos del año.

Fig. 6. Unas pocas especies de plantas estarán en flor en la Marina durante el mes de diciembre. A. Launaea arborescens, de la familia Compuestas, puede verse con flores prácticamente todo el año. Uno de sus nombres comunes, “rascamoños”, está relacionado con su carácter espinoso y la disposición zigzagueante de las ramas. B. También durante gran parte del año se encuentran en flor plantas de Thymelaea hirsuta (familia Timeleáceas), la bufalaga o matapollo. Sus tallos, extraordinariamente correosos, se usaron tradicionalmente para hacer escobas. C. La boja blanca, Artemisia herba-alba, es otra compuesta que, junto con la bufalaga, ocupa durante bastante tiempo terrenos abandonados al cultivo, en una etapa intermedia de la sucesión. Sus pequeños capítulos son agrupaciones de florecitas muy pequeñas y nada llamativas que salen sobre todo en otoño y durante el invierno. D. El cambrón, Lycium intricatum, es una solanácea espinosa que puede vivir en suelos algo salinos (halófita) y que, como alguna de las anteriores, se ve con flores durante todo el año. E y F. En cambio, las dos especies siguientes han florecido (o lo han intentado), cuando no les tocaba, fuera de su época habitual de floración. Así encontramos el cardo marino (Eryngium maritimum, E) a mediados de diciembre de 2020; esta umbelífera suele florecer en primavera y hasta avanzado el verano. El azufaifo (Ziziphus lotus, F) también suele echar las flores entre primavera y verano, pero ha vuelto a intentar hacerlo (y, como se ve, no ha salido muy bien) ahora, en diciembre de este año, después de algunas lluvias de otoño. El azufaifo es otro de los valores naturales este territorio, un arbusto que puede alcanzar varios metros de altura y de diámetro y sirve de refugio a muchas especies de plantas y animales. Antes estaba mucho más extendido en la Región, pero la puesta en cultivo de numerosas zonas, sobre todo de rambla, ha hecho que sus poblaciones disminuyan considerablemente.

Fig. 7. A diferencia de las plantas de la figura anterior, algunas Quenopodioideas (subfamilia de Amarantáceas, según clasificaciones actuales) no florecen ahora, pero están en fruto, y su fructificación es en ocasiones espectacular. Por ejemplo, las imágenes A y B son de la barrilla zagua, Salsola oppositifolia. A se tomó en abril, cuando tenía flores poco conspicuas y nada llamativas, como se puede ver. B se tomó en diciembre, cuando, al fructificar, los tépalos (piezas de la cubierta floral) desarrollan expansiones laminares, blancas o rosadas, de consistencia papirácea, que algunas personas confunden con las flores y que sin duda resultan más llamativas que estas. C. Algo similar le ocurre a la barrilla pinchosa, Salsola kali, aunque sus alas no son tan vistosas como las de la zagua y el porte de la planta, anual, es bastante menor. Abunda en las playas. D y E. Anabasis es un género próximo a Salsola. Anabasis articulata (uno de sus nombres comunes es “gurullos”) también desarrolla alas, de un color rojizo más intenso que el de la zagua, durante la fructificación. Ambas especies contribuyen a que algunas zonas de la Marina se vean en diciembre hermosamente teñidas de rosado o rojizo.

Fig. 8. En la Marina hay muchas plantas de interés. Todas las que se muestran en esta figura son capaces de vivir en suelos con cierto grado de salinidad (halófitas). Lo más probable es que no las encontremos en flor en esta época. A. Tamarix canariensis, una de las especies de tarayes que viven aquí, sobre todo en ramblas. Son, además, de los pocos árboles que toleran una elevada salinidad en el sustrato, pues disponen en las hojas de glándulas para excretar el exceso de sales. B, C y D. Estas tres especies son de la subfamilia Quenopodioideas, dentro de las Amarantáceas. B. Saladilla, Atriplex glauca. Otra especie muy próxima y de mayor porte, el salao (Atriplex halimus) también es muy abundante. C. Sosa blanca, Suaeda pruinosa. Tanto esta como la sosa prima (Suaeda vera), pariente cercana y muy parecida, abundan en la zona; ambas se utilizaron como plantas barrilleras, es decir, de sus cenizas (barrillo) se obtenía carbonato sódico. D. Patagusanos, Salsola papillosa. Como las especies de Salsola de la figura anterior, también fructifica formando expansiones laminares que parecen una “falsa flor”. A pesar de su aspecto poco atractivo, es otra especie muy valiosa, pues se trata de un endemismo murciano-almeriense. E y F. A diferencia de las tres anteriores, estas plantas tienen flores llamativas. E. Limonium insigne, siempreviva rosa, otro endemismo del Sureste ibérico. Se encuentran en el territorio varias especies más del género Limonium. F. Algazul, Mesembryanthemum nodiflorum.

Fig. 9. Otras plantas de la Marina de Cope, todas estas con flores amarillas, aunque no se han elegido así deliberadamente. No estarán en flor en diciembre. A y B. Dos compuestas del género Asteriscus, la margarita de mar (Asteriscus maritimus, A) y el ojo de buey (Asteriscus aquaticus, B). En A, alrededor de la margarita de mar hay Mesembryanthemum nodiflorum, que muchas veces toma ese color rojo. C. La adormidera marina, Glaucium flavum, es pariente de la amapola, pues pertenece a la misma familia (Papaveráceas). La vemos en algunas playas. D. También en playas, así como en otros lugares, aparece el pijolobo (Cistanche phelypaea), siempre que haya cerca plantas a las que pueda parasitar, pertenecientes en general a la subfamilia Quenopodioideas. E y F. Y ya no en playas, sino en terrenos más próximos a los cultivos, o de cultivos abandonados, prospera esta cucurbitácea parecida a la sandía (sus frutos están en F): Citrullus colocynthis, llamada comúnmente coloquíntida o tuera.



Nos damos cuenta de que el arbolado es francamente escaso; está claro que no esperamos encontrar vegetación exuberante y grandes formaciones arbóreas en un lugar donde la precipitación no supera en mucho los 200 mm anuales, y a veces ni llega a esto. Destacan grupillos de tarayes y algunas higueras, todos ligados principalmente a las ramblas.

Aunque las temperatura media anual es elevada, más que en la mayoría de los puntos de la Región, rozando los 18 ºC, no es este un buen momento para la actividad de insectos y arácnidos (Fig. 10). Quizá veamos algún saltamontes despistado o alguna libélula; aunque si nos empeñamos seguro que damos con muchos más. Tampoco es buen momento para tropezarnos con reptiles, como la tortuga mora, una de las especies emblemáticas del Parque regional del que forma parte la Marina (ver Fig. 10).


Fig. 10. Diciembre no es el mejor mes para buscar reptiles o insectos en la Marina de Cope, pero aquí va una ínfima muestra de ambos. A y B. Probablemente el reptil más abundante es la lagartija colirroja (Acanthodactylus erythrurus): en A aparece un joven, en B un adulto. C. La tortuga mora, Testudo graeca es una especie destacadísima del Parque regional al que pertenece la Marina. Puede verse en ella, pero será más fácil encontrarla, por ejemplo, en Cabo Cope. D-G. Unos pocos insectos. D. A finales de otoño todavía se mueven por la zona los saltamontes, como este Heteracris, probablemente Heteracris littoralis. E y F. Una mariposa diurna, la alcaparrera o colotis del desierto (Colotis evagore, E), y una nocturna (2), Acanthovalva inconspicuaria (F). G. La libélula Orthetrum cancellatum.



Las aves contribuirán sin duda a alegrarnos el día. En las zonas de matorral veremos sobre todo cogujadas, en especial la montesina, pero también muchos otros pajarillos, residentes o invernantes. Cerca de la orilla del mar, limícolas y aves marinas: charranes, gaviotas,... (Figs. 11 y 12). Si tenemos suerte, disfrutaremos del magnífico espectáculo de los alcatraces lanzándose en picado para pescar.

Fig. 11. La avifauna de la Marina es muy rica y variada: rapaces como el búho real o águila perdicera, aves esteparias, acuáticas,... En esta figura vemos algunas aves comunes en la orilla del mar. A. Varias gaviotas de Audouin (Larus audouinii, Ichthyaetus audouinii) en el islote de la Playa de la Galera. B. Un adulto de gaviota patiamarilla (Larus michahellis) y, a la derecha, otro de gaviota de Audouin; a pesar del parecido, se aprecia la diferencia de tamaño y coloración. C y D. Cormorán grande, Phalacrocorax carbo. En la zona está presente, además, otra especie de cormorán, el cormorán moñudo (Phalacrocorax aristotelis). E. También se pueden encontrar varias especies de garzas y garcetas, como esta garceta común (Egretta garzetta). F. Aunque con menos abundancia que en otros puntos de la costa murciana, hay variedad de limícolas invernantes. Aquí vemos un chorlitejo grande (Charadrius hiaticula).

Fig. 12. Una muestra de pajarillos que frecuentan las zonas de matorral. A. En estos hábitats abundan los aláudidos: alondras comunes en invierno, terreras, y sobre todo las cogujadas. En la imagen, cogujada montesina (Galerida theklae), sin duda una de las especies mejor representadas. B. Curruca cabecinegra (Sylvia atricapilla). C. Collalba negra, Oenanthe leucura. La distribución de este pájaro se limita a la Península Ibérica y norte de África. D. Alzacola rojizo, Cercotrichas galactotes, un ave muy amenazada y que en diciembre no veremos aquí, pues es una especie migradora.



Por último, y a nuestro pesar, también seremos conscientes de algunas amenazas e impactos que afectan a este territorio y pueden llevar a su degradación (Fig. 13). Hace décadas, el uso principal del territorio era el cultivo de secano, pero a lo largo de los años ha habido una sustitución progresiva de estos cultivos por otros, intensivos, de regadío. Mucho plástico, fertilizantes, plaguicidas,... Por desgracia, es muy fácil encontrar plásticos de invernadero, trozos de conductos de riego y residuos relacionados en las playas y en las ramblas. Y ciertamente los fertilizantes utilizados, arrastrados por el agua, afectan a la vegetación. Esto se percibe claramente en desembocaduras de ramblas, donde proliferan las especies nitrófilas y se produce una banalización de la cubierta vegetal.


Fig. 13. Este territorio ha venido sufriendo amenazas y agresiones ambientales durante mucho tiempo, y continúa padeciéndolas. Algunas de ellas vienen causadas por la agricultura. Hace décadas, buena parte de su superficie estaba ocupada por cultivos de secano, que han ido sustituyéndose por regadío intensivo, con multitud de invernaderos, como muestra la imagen A. Muchos cultivos se extienden hasta muy cerca de la orilla del mar (B, C), y los residuos (plásticos de invernadero, material de riego,...) llegan en buena cantidad a las playas y zonas de costa rocosa. Los efectos de los fertilizantes utilizados también se manifiestan en la vegetación, y con el paso del tiempo no dejarán de notarse incluso en el medio marino.



Sin duda las comunidades de insectos, incluyendo obviamente los que no perjudican a los cultivos, se ven afectadas por el uso masivo de plaguicidas. Por último, y para no abundar más en este asunto, mencionaré la presencia frecuente de plantas exóticas (Nicotiana spp., Opuntia spp.) como un factor más que puede deteriorar este territorio. Ojalá se ponga freno a las agresiones y amenazas y conservemos el magnífico espacio natural que es la Marina de Cope.


(1) Para escribir estos párrafos se ha consultado el texto “Singularidad ambiental de la marina de cope y vulnerabilidad frente a su transformación urbanística”, de Miguel Ángel Esteve et al. Está incluido en el libro Los espacios naturales protegidos de la Región de Murcia: Estudio de casos desde una perspectiva interdisciplinar (pp.7-34), de Esteve Selma et al. (eds.), publicado por Editum.

(2) Gracias a Juan José Guerrero Fernández por la identificación.


La Marina está dominada por la impresionante mole de Cabo Cope, al sur de la misma

Otra vista de la Marina desde Cabo Cope

Anochecer con luna llena en la Marina de Cope