• José M. Caballero

Un mes, un lugar. Enero, Sierra de las Moreras



Siguiendo con los paseos invernales cerca del mar, este mes nos vamos a la Sierra de las Moreras, en el término municipal de Mazarrón. Es una modesta formación montañosa que apenas supera los 500 m de altitud, y buena parte de ella tiene el estatus de “Paisaje protegido” (Fig. 1).

En este caso proponemos un recorrido lineal, que se refleja aproximadamente en la misma figura. Lo realicé junto con mi amigo Antonio Martínez Cano, y él lo ha subido a wikiloc (1). Se lo agradezco, así como la compañía y las interesantes observaciones y sugerencias que aporta; saliendo al campo con él se aprende y se disfruta.

Fig. 1. Mapa del Paisaje protegido “Sierra de las Moreras”. Los límites los señala la línea verde de trazos. El recorrido que proponemos está marcado por los puntos rojos, con inicio en el triángulo y final en el cuadrado. Se puede hacer dejando un coche en Bolnuevo y otro al comienzo de la ruta. En algunos carteles de la zona se muestra una ruta circular, mal señalizada, que en buena parte coincide con la nuestra. El tramo final de esta ruta circular discurre por calles de Bolnuevo y de ahí al punto de inicio. Como creo que es el menos interesante, lo hemos suprimido, dejando más tiempo para el sector de las calas.



Comenzamos la ruta en el piedemonte de la umbría, y ya al comienzo, a pesar de la época en que estamos, encontramos algunas plantas en flor (Fig. 2). Justo antes de meternos en el barranco de los Algezares, por donde se realiza la mayor parte de la subida, tenemos una buena vista del pueblo de Mazarrón y de los impactos que ha producido la actividad minera a lo largo de siglos. Este paisaje minero puede tener valor cultural, pero la presencia de escombreras con grandes cantidades de metales pesados da lugar a importantes problemas ambientales en diversas zonas de la Región.

Fig. 2. A. Aspecto de la umbría de la Sierra de las Moreras al principio del recorrido. B. Oroval (Withania frutescens). Es un arbusto de la familia Solanáceas que en la Región abunda sobre todo en la franja costera, en lugares alterados por influencia humana. Puede estar en flor en esta época. C. Una vista del pueblo de Mazarrón desde el principio del recorrido. A la izquierda del pueblo, las tremendas huellas que ha dejado la actividad minera llevada a cabo a lo largo de muchos siglos, pues las minas de galena argentífera de los Cabezos de San Cristóbal y Los Perules han sido explotadas desde el tiempo de los fenicios.



Ya dentro del barranco, nos fijamos en la vegetación (Fig. 3). Aparecen grupos de pinos carrascos, pero no se forma un bosque denso como en otras laderas de la Región. Hay variedad de matorrales (espino negro, esparragueras, alhucema rizada, tomillos, albaidas,...), mezclados muchas veces con espartizal (Fig. 4). Nos sorprende la ausencia de palmito en esta parte de la sierra, y desconozco la causa.

Fig. 3. El barranco de los Algezares, en su parte más baja dentro de nuestra ruta (izquierda), y en un sector algo más elevado (derecha), con Mazarrón al fondo. Se ve el aspecto general de la vegetación: formaciones de pino carrasco (Pinus halepensis) que no dan lugar a un bosque continuo y denso, y matorral más o menos mezclado o alternante con espartizal. En los afloramientos rocosos también hay plantas rupícolas interesantes.


Fig. 4. Varios arbustos y arbustillos abundantes en la umbría de la Sierra de las Moreras. A. Coronilla de fraile, Globularia alypum, de la familia Globulariáceas. B, C y D pertenecen a las labiadas, aromáticas las tres: romero (Salvia rosmarinus o Rosmarinus officinalis, B), alhucema rizada (Lavandula dentata, C) y tomillo de invierno (Thymus hyemalis, D). E. Con las flores menos vistosas que las especies anteriores, el bayón (Osyris lanceolata) es una planta hemiparásita, se aprovecha de plantas que le sirven de hospedadoras y toma su savia bruta. F. A diferencia de otras violetas, que son herbáceas, Viola arborescens es un arbustillo enano, con tallos leñosos. Todas las especies anteriores pueden encontrarse fácilmente en flor en el mes de enero. G. La esparraguera blanca (Asparagus albus) la podremos ver con frutos. Y aunque las tres siguientes aparezcan con flores en las imágenes, será difícil verlas así en esta época. H. Bolina, Genista umbellata, de la familia Leguminosas. I. Trompetera, Ephedra fragilis. Es una gimnosperma de la familia Efedráceas, más emparentada con los pinos y sabinas que con todas las demás especies de esta figura. J. Espino negro, Rhamnus lycioides, sin duda uno de los elementos más característicos de los matorrales de esta Región.



Abundan musgos y líquenes, que con las lluvias han “despertado”. Dentro de unos meses, cuando se acerque el verano, tendrán un aspecto bastante distinto (Fig. 5).

Fig. 5. Líquenes y musgos se ven por doquier en la umbría de la Sierra de las Moreras, y particularmente en esta época si las lluvias de otoño-invierno no han sido muy escasas o ausentes. Los líquenes pertenecen al reino de los Hongos; los musgos son plantas que carecen de semillas y, a diferencia de helechos y plantas con flores, no poseen raíz, tallo y hojas. Izquierda: Dos especies de líquenes (quizá Cladonia convoluta y Physcia sp.), de color verde más claro y grisáceo, y musgo de color verde más vivo. Derecha: Una “almohadilla” de musgo (posiblemente Tortula sp. o Syntrichia sp.), y algunos líquenes alrededor.



Está claro que el término árabe “algezares” da lugar directamente a “los yesares”. Algo de yeso, no mucho, hemos visto en este tramo. Pasamos por delante de unas construcciones que, en efecto, podrían ser hornos de yeso (Fig. 6). Y, hablando de geología, en algún punto de esta primera parte del recorrido se puede ver el contacto entre los dos tipos principales de materiales que forman esta y otras sierras litorales del territorio: las rocas metamórficas (esquistos, pizarras,...) de la parte inferior, y las carbonatadas (calizas, dolomías,...) de la parte superior. Aparte de estos materiales, en muchas sierras costeras aparecen afloramientos volcánicos y, relacionados con ellos, yacimientos minerales como los de Mazarrón.

Fig. 6. A. Construcciones que podrían ser hornos de yeso en el barranco de los Algezares. Cerca hemos visto algún trozo de yeso, pero no cantidades importantes. También se aprecia el aspecto general de la vegetación en las laderas de umbría de la sierra: pinos carrascos, matorral y vegetación rupícola. B. Las mineralizaciones de oligisto, óxido de Fe (III), son frecuentes en esta sierra y en otras de la Región, dando ese característico color rojizo. C. En esta imagen se puede ver el contacto entre materiales metamórficos más antiguos (pizarras y filitas del Triásico inferior, con el número 1) y calizas crema más modernas (número 2). Si están en contacto lateral, unos al lado de otros, se puede deber a una falla; hay numerosas fallas en esta sierra.



Seguimos ascendiendo, y cerca del Collado de la Paridera vemos por fin los primeros palmitos del recorrido. En algunos senderos está prohibido el paso entre enero y junio para no molestar a rapaces que crían en estas zonas: halcón peregrino (Falco peregrinus), águila perdicera (Aquila fasciata) y búho real (Bubo bubo). Ya nos encontramos en una parte relativamente elevada de la sierra; se divisan multitud de cuevas, resultado del proceso kárstico sufrido por los materiales carbonatados (Fig. 7). Si desde el Collado de la Paridera damos un pequeño rodeo desviándonos del recorrido trazado y acercándonos al Salto del Buey, tendremos buenas panorámicas de la costa y de la parte alta de la sierra.

Fig. 7. A. Los roquedos de la sierra están excavados por muchas cuevas, que se forman al disolverse las calizas cuando el carbonato cálcico, insoluble, se transforma previamente en bicarbonato, soluble. B. El uso de algunos senderos está restringido por motivos de conservación. C. Desde las proximidades del Collado de la Paridera tenemos esta vista de la costa, con los invernaderos en la zona de Cañada de Gallego; detrás, Puntas de Calnegre, y más allá, Cabo Cope. D. Desde el mismo lugar vemos la parte elevada de la sierra. El monte que destaca es el Cantar, uno de los más altos de la formación montañosa.



A partir del mismo collado iniciamos el descenso por el angosto valle de un barranco que desemboca en la rambla de Villalba (Fig. 8), la cual recoge también las aguas de otros barrancos próximos. Desde el comienzo de la bajada vemos, ahora sí, numerosos palmitos (Chamaerops humilis), así como arbustos de cornical (Periploca angustifolia), una de las especies más representativas e interesantes de nuestros matorrales costeros. En cambio, sólo encontramos unos pocos pies de sabina negral (Juniperus phoenicea), y es que esta planta es cada vez más escasa en las sierras litorales.

La pendiente es considerablemente más pronunciada que la del recorrido de ascenso, hasta que llegamos a la balsa que aparece en la Fig. 8; entonces se hace mucho más suave. Durante un corto tramo caminamos con los invernaderos de Cañada de Gallego a nuestra derecha; a continuación tomamos un camino en el piedemonte que da al mar.

Fig. 8. A. El valle por el que descendemos de la sierra. Es el de un barranco que comienza muy cerca del Collado de la Paridera y va a parar a la Rambla de Villalba. A diferencia de lo que ocurría en todo el sector de umbría, aquí ya son abundantes los palmitos; algunos están señalados por flechas blancas. B. También vemos numerosos matorrales de cornical (Periploca angustifolia), un interesante iberoafricanismo que prospera principalmente en laderas orientadas al mar. C. Sabina negral (Juniperus phoenicea), gimnosperma bastante escasa en las sierras litorales.



A partir de aquí, el resto de la ruta transcurre por el piedemonte y por diversas calas, hasta llegar a Bolnuevo. Vamos dejando a los lados amplios espartizales salpicados de arbustos (palmito, romero, boja negra, cornical,...) y tenemos ante nuestros ojos magníficas panorámicas de las laderas de solana de la sierra, así como algunos de los picos más prominentes (Fig. 9).

Fig. 9. Dos vistas de algunas cumbres de la Sierra de las Moreras, las laderas de solana que dan al mar y el piedemonte. En ambas imágenes se observa el amplio espartizal que, salpicado de arbustos, cubre el piedemonte y parte de las laderas. La foto de la derecha muestra la gran hondonada formada por la erosión del piedemonte, erosión producida por las aguas de escorrentía y de las ramblas. Aquí también se ven, abajo a la izquierda, los restos de un palmeral plantado y malogrado. El monte más alto en esta fotografía es el Morrón Blanco (489 msnm), el mismo que aparece a la derecha en la foto anterior.



Llegamos a las calas. En el último tramo pasamos por varias: Cala Desnuda, Cala Leño, Cala de la Grúa, Playa de la Puñeta, Playa de Cueva de Lobos, Cala Amarilla, Playa de Piedra Mala,... En ellas podremos hacer algunas observaciones interesantes sobre geología, además de disfrutar de los paisajes (Fig. 10).

Frente a la playa de Cueva de Lobos se encuentra la isla del mismo nombre. Es obvio que el término “lobos” se refiere aquí a los lobos marinos, las focas. Y es que en las costas murcianas se podían ver ejemplares de foca monje (Monachus monachus) hasta mediados de los años 70 del pasado siglo.

Fig. 10. A. Las primeras calas que encontramos en el último tramo de la ruta: Cala Desnuda, Cala Leño y Cala de la Grúa. A la derecha de esta última está la Punta de la Grúa. B. Restos de un embarcadero del siglo XVIII, en la Punta de la Grúa. En primer término se observan colores rojizos y anaranjado-amarillos en los materiales geológicos. Los rojos se deben a óxidos de hierro (oligisto o hematites), que por la alteración química se transforman parcialmente en hidróxidos dando lugar a limonita, de color amarillo. C y D. Más adelante está la Playa de Cueva de Lobos (la primera en C) y, frente a ella, la Isla de Cueva de Lobos (en D). Algo más allá, donde aparecen las primeras urbanizaciones, tenemos la Punta de Cueva de Lobos (en ambas imágenes); y si nos alejamos cada vez más, vemos la Isla de Mazarrón y los montes entre La Azohía y Cabo Tiñoso. E. Conglomerados que forman una terraza marina en algunas de las calas visitadas. Están formados por clastos, la mayoría redondeados y de cuarcita, cementados por carbonato cálcico. También se aprecia que, al disolverse el cemento calcáreo (después de haberse transformado en bicarbonato), quedan sueltos los clastos y se va destruyendo el conglomerado. F. En los mismos materiales se presentan algunos restos fósiles. Los que vemos en la imagen son de Strombus bubonius, molusco gasterópodo que actualmente vive en zonas tropicales pero en el pasado habitó aquí. G y H. Enero no es un buen mes para buscar insectos, pero las abejas excavadoras de la imagen (creo que del género Anthophora) mostraban bastante actividad, entrando y saliendo de sus nidos excavados en las rocas al lado de una de las calas.



Al final de nuestro camino llegamos a la Playa de Bolnuevo, con el peñón del Castellar al fondo. Al lado de la misma podremos contemplar las Gredas de Bolnuevo, interesantes formaciones de arenisca limosa (con finas capas de microconglomerados) erosionadas caprichosamente (Fig. 11). Están protegidas con la figura de Monumento natural. Y si después de la ruta hay tiempo, se puede dar un corto paseo por el tramo final de la Rambla de las Moreras hasta la desembocadura. Es una ZEPA (Zona de Especial Protección de Aves) visitada por multitud de aves, entre ellas especies como la cerceta pardilla (Marmaronetta angustirostris) o el porrón pardo (Aythya nyroca).

Fig. 11. Izquierda: las Gredas de Bolnuevo, Monumento natural. La mayor parte de los materiales, de color claro, son mezcla de arena, limo y arcilla. Las capas finas más oscuras corresponden a microconglomerados. Todos son del Plioceno, final del Terciario. Derecha: la desembocadura de la Rambla de las Moreras y la Sierra de las Moreras.



Termino con unas fotos de plantas que se pueden encontrar en algunos enclaves de la sierra (Fig. 12). ¡Hasta la próxima!

Fig. 12. Estas plantas se pueden encontrar en diversos puntos de la Sierra de las Moreras. Algunas de ellas las hemos visto en flor durante el mes de enero, otras florecerán muy pronto. A y B. Chumberillo de lobo (Caralluma europaea); es una asclepiadácea con aspecto cactiforme. En A hay un tallo con flores, en B los frutos alargados. C y D. Margalida, Mauranthemum decipiens (familia Compuestas). Mientras que la especie anterior tiene una distribución un poco más amplia, esta se limita al sureste ibérico y norte de África. E. Y aún más se restringe la labiada Teucrium lanigerum, endémica de Murcia y Almería. F. Malvavisco de roca, Lavatera maritima, perteneciente a la familia Malváceas.



(1) https://es.wikiloc.com/rutas-senderismo/la-sierra-de-las-moreras-por-el-barranco-de-los-algezares-y-calas-de-bolnuevo-92621122?utm_source=social&utm_medium=facebook.com&utm_campaign=badge&fbclid=IwAR0lAe_N1rJ-NgYKHcTDP2KgfdhxAIA-h91KB7g7_gv2CNnSw9ykvjFBnN0



En el sector oriental de la Sierra de las Moreras destaca, prominente y casi picudo, el Cabezo de los Pájaros