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  • José M. Caballero

Visita otoñal a Doñana




A finales de noviembre pasé varios días en Doñana, andando por zonas del Parque Natural y del Parque Nacional. No voy a escribir un artículo que intente aportar datos de este territorio; sería muy pretencioso teniendo en cuenta la cantidad y calidad de información que ya hay. Solamente pondré algunas de las fotografías tomadas y las comento brevemente, dando una idea de mi impresión sobre la situación actual.


1. Doñana es un collage de hábitats; en las imágenes se muestran algunos de los más relevantes. A. Playas y orilla del mar. Entre Mazagón y Matalascañas hay varios kilómetros de playa con acantilados dunares, como el del Asperillo, que aparece en la fotografía. De Matalascañas a la desembocadura del Guadalquivir la franja de playas es aún bastante más larga, de unos 30 km. B. Si avanzamos hacia el interior desde la playa, encontramos las dunas, montículos de arena, más o menos móviles por acción del viento, que albergan una vegetación característica adaptada a esas duras condiciones. Las depresiones entre dunas son los corrales, en los que la cobertura vegetal está formada por pinares de pino piñonero (Pinus pinea), como en la foto, o matorrales, formaciones ambas que frecuentemente son engullidas por el avance de las dunas. C y D. Matorrales, formaciones arbustivas de porte moderado. El matorral en primer término de C está dominado por el jaguarzo blanco (Halimium halimifolium), es el llamado monte blanco. Más allá se ve una zona arbolada, con alcornoques. En D, además de Halimium halimifolium, aparecen otras especies dominantes, como Ulex australis (ver 2); también se ven árboles dispersos, pinos y alcornoques. E y F. Los pinares de pino piñonero (Pinus pinea) son probablemente la comunidad vegetal arbórea más extendida en Doñana; los pinos proceden de diferentes repoblaciones a lo largo de varios siglos. Estos pinares presentan muchas veces un sotobosque con arbustos de buen tamaño, entre los que sobresale el lentisco (Pistacia lentiscus, F). G, H, I. Pero posiblemente el hábitat más característico de Doñana son las marismas, zonas llanas, más o menos deprimidas con respecto a lo que las rodea, con vegetación herbácea o arbustiva baja, y que están (o deberían estar) cubiertas de agua durante parte del año. En G vemos la marisma de El Rocío, con algo de agua, muy poca, que llega por el arroyo de La Rocina. En H se muestra una marisma seca, como estaban ahora la mayor parte de las marismas de Doñana cuando deberían estar llenas de agua. Los matorrales que se ven en D son halófitas, plantas adaptadas a la salinidad, entre las que destaca Arthrocnemum macrostachyum. En I tenemos otra marisma seca, que se localiza, como la de H, entre El Rocío y el Centro de Visitantes José Antonio Valverde. Los terrenos de I no parecen tan salinos como los de H, a juzgar por lo que indica la vegetación. J. Por lo que se ha dicho, muy pocas son las masas de agua que se ven en relación con las que debería haber. La que muestra la imagen es del lucio al lado del Centro de Visitantes mencionado antes, lucio que se llena artificialmente cuando no se consigue agua de modo natural. K. Más allá de la franja de marisma seca, en la que hay un grupo de ciervos, está la vera, hábitat que sirve de transición entre la marisma y otras formaciones como pinares o matorrales. El arbolado de la vera está constituido principalmente por alcornoques, restos de un bosque que probablemente tuvo mayor entidad en el pasado. L. Si el pino piñonero, como decía antes, es el árbol más abundante en Doñana, el alcornoque (Quercus suber) es sin duda uno de los más característicos, si no el más. Además de ser el árbol dominante en la vera, también hay alcornoques dispersos en las formaciones de matorral, y tampoco faltan en los pinares, como el venerable alcornoque de la imagen.



2. A finales de otoño son relativamente pocas las plantas que están floreciendo; aquí va una muestra de las que hemos visto ahora y algún otro año por la misma época. A. Una de las numerosas especies de botón de oro, Ranunculus bullatus. B. Azafrán silvestre, Crocus serotinus. C. El jaguarzo blanco, Halimium halimifolium, es el arbustillo dominante en las zonas de matorral conocidas como “monte blanco”, y en numerosas ocasiones está acompañado del tojo que aparece en D, creo que se trata de Ulex australis. E. Otro tojo, Ulex minor. El hábitat no es el mismo que el de la especie anterior, pues aparece en brezales y es propia del matorral que se ha llamado “monte negro”. F. Precisamente aquí está uno de los brezos característicos del monte negro, Erica ciliaris. G. Y en el mismo tipo de hábitat, el monte negro, encontramos este arbolillo, el madroño (Arbutus unedo), que, igual que el brezo anterior, pertenece a la familia Ericáceas. H. En algunos claros de pinares y matorrales florece ahora, como indica su nombre, esta bonita y delicada amarilidácea, la campanilla de otoño, Leucojum autumnale (=Acis autumnalis).



3. Puesto que prácticamente toda la marisma está seca, las aves más o menos ligadas al agua se refugian en los pocos cuerpos de agua que hay. A. Patos, gansos y cigüeñuelas en el lucio del Centro de Visitantes José Antonio Valverde. B. Los gansos o ánsares comunes (Anser anser) llegan en grandes cantidades, miles de individuos, a Doñana durante el otoño. Pueden verse en las zonas cubiertas de agua, en algunas dunas como el Cerro de los Ánsares y también, comiendo, en los campos. C. Moritos (Plegadis falcinellus). Estas aves, del grupo de los ibis, son ahora abundantes en Doñana y en numerosos lugares, pero hasta hace unas décadas eran muy escasas. En efecto, entre 1981 y 1993 sólo se registraron 50 citas en la Península Ibérica, sin confirmación de cría [1]. Su nombre inglés, “glossy ibis”, más informativo que el castellano, hace alusión a las irisaciones que muestra su plumaje.



4. En Doñana podemos ver diversas especies de patos; entre los más abundantes están el pato cuchara y el azulón, pero aquí pongo otros tres. A. La bonita cerceta común (Anas crecca). B. Bastante más escasa y propensa a ocultarse es la cerceta pardilla (Marmaronetta angustirostris). C. Ánade friso (Mareca strepera, Anas strepera), en este caso un macho. D. Las fochas están más emparentadas con las grullas que con los patos. Hay en Doñana dos especies, en la imagen aparece una focha común (Fulica atra). E. La espátula, Platalea leucorodia, pertenece a la misma familia que el morito (Threskiornithidae). F. Flamencos (Phoenicopterus roseus), y junto a ellos un par de ánsares. Los flamencos están más vinculados a las aguas saladas que a las dulces, pero, al no encontrar lagunillas o charcas con agua salada, se refugian también en estas masas de agua dulce generadas por el arroyo de La Rocina. G. En otoño e invierno es habitual ver bandadas de grullas (Grus grus) sobrevolando las zonas de marisma, y grandes grupos comiendo en los campos, como muestra la imagen H. La foto no es nada buena, porque las grullas estaban muy lejos, las condiciones atmosféricas para la visibilidad eran malas y resultaba imposible acercarse (vallas, canales,...), pero sirve como testimonio. Cuando se tomó, había más de 500 grullas alimentándose en esos terrenos.



5. Otras aves, menos ligadas al agua, que también pueden encontrarse en zonas de marisma. A. Ratonero común (Buteo buteo). Hay rapaces muy interesantes en Doñana, como el águila imperial o el elanio azul, que no llegué a ver, pero las que más abundan son el ratonero común y el cernícalo vulgar. B. Cuervo, Corvus corax. C. La garcilla bueyera (Bubulcus ibis) está frecuentemente asociada al ganado, tanto al vacuno como a los caballos que pastan libremente en la marisma. D. Buitres leonados (Gyps fulvus) pueden verse sobrevolando el territorio, pero a este lo encontramos el año pasado en una carretera. No parecía herido, quizá tenía dificultades para coger una térmica y remontar el vuelo.



6. A. De los grandes mamíferos, los mas fáciles de observar, al menos en las zonas donde yo he estado, son los ciervos (Cervus elaphus). Se ven grupos numerosos en la marisma, sobre todo en la franja del borde, desde donde se retiran a la vera, hábitat que también les gusta y donde se ocultan mejor, o se tienden a descansar a la sombra de los alcornoques. No sé si incluso se podría decir que hay demasiados; por supuesto, para afirmar esto habría que tener un censo de la población y conocer la capacidad de carga del territorio. B y C. Un macho atravesando una marisma seca. D. Hembra con cría.



7. Lince ibérico (Lynx pardinus). A diferencia de los ciervos de las imágenes anteriores, el lince es muchísimo más escaso y difícil de encontrar, aunque Doñana no puede quejarse de la falta de este felino, que se ha considerado el más amenazado del mundo; sin embargo, parece que la protección y las estrategias de reintroducción están dando algunos resultados. Tuve la suerte de ver a esta hembra con dos crías del año pasado, por lo que debo dar las gracias a Lute Cuellar (en Facebook tiene magníficas fotos de lince, y no sólo de lince). A las dos crías no las pude fotografiar, pues estaban ocultas y las vi momentáneamente cuando se marchaban. Otra vez me disculpo porque las fotos no son buenas, pero estaba lejos, era al atardecer con poca luz y había ramas que obstaculizaban (adviértase que no aludo a mi escasa habilidad como fotógrafo).



Doñana es un paraíso para la vida. Debería ser un paraíso hidroterrenal, pero la falta de agua está poniendo en peligro esta monumental reserva de biodiversidad, ya hemos visto imágenes de la marisma seca cuando por estas fechas debería tener mucha agua. La sequía de varios años está haciendo estragos, pero aún es más preocupante la sobreexplotación del acuífero por regadíos legales e ilegales, y estos últimos se legalizan por obra y gracia del gobierno de Andalucía. En Murcia hablamos del ecocidio del Mar Menor; me gustaría pensar que dentro de unos años no estaremos hablando del ecocidio de Doñana. El caso es que, cada vez que voy, vuelvo con cierta amargura, y afloran a mi memoria estos versos de una canción del siglo XVII:

“... Que te buscan mis ansias, y sólo encuentro

un dolor muy hallado de que te pierdo.”



[1] Díaz, M.; Asensio, B. & Tellería, J.L. (1996). Aves Ibéricas. I. No Paseriformes. Madrid, J.M. Reyero Editor.



Pinares de pino piñonero en las cercanías de Aznalcázar

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