• José M. Caballero

Un mes, un lugar. Septiembre, San Pedro del Pinatar



El Parque regional de las salinas y arenales de San Pedro del Pinatar es, entre los espacios naturales de la Región de Murcia, uno de los más señeros y también de los más visitados. A pesar de ser tan conocido, insisto en dedicarle un poco más de atención. ¿Por qué en septiembre? Aunque siempre es elevada la presión humana sobre él, en verano se hace máxima, y ahora que ha disminuido sensiblemente, puede ser un buen momento para pasear, disfrutar de un chapuzón finiestival u otoñal, y especialmente para percibir los cambios en la comunidad de aves: las que se van, las que vienen de fuera para estar aquí durante el invierno, las que residen permanentemente en este territorio y las que sólo están de paso. Septiembre es un mes de movimientos migratorios para las aves, tendremos ocasión de darnos cuenta.

El recorrido que se propone es circular (Fig. 1). Consiste en un paseo de unos 12 kilómetros partiendo del molino de Quintín, llegando hasta la zona de las Encañizadas (y, si se quiere, hasta Punta de Algas), y continuando por la Llana, la carretera de las salinas y el canal perimetral.

Fig. 1. El territorio al que dedicamos la visita del mes de septiembre. Se ha tomado la imagen de Google Earth y se ha modificado añadiendo nombres y señalando con flechas rojas el recorrido propuesto, que se puede alargar con un pequeño paseo por la zona de Punta de Algas y otro por el Pinar del Coterillo, llegando a la playa de la Torre Derribada.



En la primera parte de nuestra ruta tenemos a la izquierda las salinas, con la zona de los típicos “baños de lodo”, y a la derecha el Mar Menor (Fig. 2). Vamos encontrando ya diversas especies de aves, algunas de las cuales estarán presentes en muchos lugares del recorrido.

Fig. 2. Dos vistas desde el camino entre los molinos de Quintín y de la Calcetera. Izquierda: una de las charcas salineras con un grupo de zampullines cuellinegros. Más allá, las acumulaciones de sal extraída. Derecha: el Mar Menor.



Los flamencos (Phoenicopterus roseus) son las aves más emblemáticas de la zona, al menos para la mayoría de visitantes (Fig. 3). Están presentes durante todo el año, aunque no crían aquí. Estilizados, a veces incluso desgarbados, podemos observarlos de cerca. Se alimentan filtrando con su pico el agua y los materiales en suspensión que contiene; retienen pequeños organismos, algunos de los cuales son causantes del color rosado que presentan los adultos, frente a las tonalidades más grisáceas de los jóvenes. La primera palabra del nombre científico, Phoenicopterus, viene del griego y significa “con alas de color rojo púrpura”. Si su figura es siempre llamativa, cuando abren las alas y levantan el vuelo son espectaculares, no nos extraña que los egipcios vieran en ellos brasas incandescentes que aparecen en una hoguera que se creía muerta y los identificaran con el ave fénix, que resurge de sus cenizas. El nombre común, “flamenco”, no tiene nada que ver con el cante jondo ni con los habitantes de Flandes (como se ha dicho), sino que deriva de “flama”, llama.

Fig. 3. A. Un grupo de flamencos (Phoenicopterus roseus) en la zona de las Encañizadas. B. Dos flamencos adultos en actitud agresiva. C y D. Tanto los flamencos adultos como los jóvenes muestran mucho blanco en su plumaje, pero los colores rosados y rojizos de los adultos (C) contrastan con los tonos grisáceos y negruzcos de los jóvenes (D).



Otras aves fáciles de encontrar en este tramo son zampullines cuellinegros y gaviotas picofinas (Fig. 4).

Fig. 4. A y B. Gaviota picofina (Chroicocephalus genei, Larus genei). En B se muestra un individuo anillado, con anilla metálica y de PVC. Fue anillado como pollo que aún no volaba en 2013, en la Comunidad Valenciana. La foto es de 2021, casi 8 años después. C y D. Zampullín cuellinegro (Podiceps nigricollis). C. Un individuo con plumaje invernal. D. Otro con plumaje nupcial (al menos en parte), en el que destaca el mechón rojizo-dorado tras el ojo.



Entre los molinos de Quintín y de la Calcetera hay poco menos de 3 km. Poco después de rebasar este último llegamos a las proximidades de las Encañizadas (Fig. 5), donde se encuentra la comunicación natural entre el Mar Menor y el Mediterráneo. Es una zona fangosa poco profunda, que se ha calificado de “pseudomareal”, donde se ha practicado tradicionalmente una modalidad de pesca que consiste en construir una especie de “laberintos” de cañas (de ahí el nombre “encañizadas”) donde los peces son capturados cuando intentan pasar de uno a otro mar, pues no encuentran salida.

Fig. 5. A. La zona de las Encañizadas, entre la parte sur de la lengua de terreno donde están las Salinas de San Pedro del Pinatar y el extremo norte de La Manga. En este paraje se encuentran los dos canales naturales de comunicación entre el Mar Menor y el Mediterráneo, la Gola del Ventorrillo y la Gola de la Torre. Los mismos nombres se aplican a las dos construcciones que se ven: la Casa del Ventorrillo, en primer término, y la Encañizada de la Torre, más allá y a la izquierda. B. Garzas reales (Ardea cinerea) en el tejado de la Casa del Ventorrillo. C. El paraje entre las Encañizadas y Punta de Algas, próximo a las salinas, con su característica vegetación halófila. D. El molino de la Calcetera y la charca salinera situada más al sur.



Todo este tramo, entre el molino de la Calcetera y la Llana, es rico en avifauna. Entre la variedad de aves que se pueden observar, voy a destacar dos grupos: las garzas y garcetas por una parte (Figs. 5 y 6), y por otra varias especies de limícolas que pasan en su viaje migratorio postnupcial o llegan para invernar en este territorio (Fig. 7).

Fig. 6. Izquierda: Garceta común (Egretta garzetta). Derecha: Una garceta común y, junto a ella, una garceta grande (Egretta alba) que acaba de capturar un pez.


Fig. 7. Algunos pequeños limícolas que pueden encontrarse entre el molino de Quintín y la Llana. A y B. Los chorlitejos son limícolas de pico corto, con un diseño característico en cabeza, cuello y pecho, y con dorso marrón más uniforme que en otros limícolas. Aquí tenemos un chorlitejo grande (Charadrius hiaticula, A) y un chorlitejo chico (Charadrius dubius, B) joven. C-G. Cuatro especies de correlimos, las tres primeras son mucho más frecuentes en la zona. C y D. Correlimos común (Calidris alpina) en plumaje invernal (C), y con restos de plumaje nupcial (D), sobre todo el vientre negro característico que todavía podemos ver en numerosos individuos que llegan a San Pedro del Pinatar en agosto o septiembre. E. Correlimos menudo (Calidris minuta), el más pequeño de nuestros limícolas. F. Correlimos tridáctilo (Calidris alba), más gris y de una tonalidad general más clara que otros correlimos; la mancha negruzca en la parte anterior del ala es distintiva en plumaje invernal. G. Correlimos gordo (Calidris canutus), mayor que los tres anteriores, se ve mucho menos que ellos en San Pedro del Pinatar. H. El chorlito gris (Pluvialis squatarola) es todavía un poquito mayor que el correlimos gordo. Tiene pico corto, partes dorsales salpicadas de motas blancas y una mancha negra en la base de la cara inferior del ala, conspicua en vuelo.



Los limícolas (literalmente “colonizadores del limo”) son un grupo de aves que comprende numerosas especies del orden Charadriiformes: correlimos, andarríos, archibebes, cigüeñuelas, chorlitos,... Muchos de ellos buscan su alimento en el limo o fango de estuarios, marismas o hábitats similares, de ahí el nombre. La mayoría de los que vemos en el tramo que hemos mencionado son pequeños limícolas de aspecto delicado, como correlimos, chorlitos o chorlitejos; pero no nos confundamos: a pesar del aspecto delicado, pueden volar miles de km en sus viajes migratorios, y algunos de los que están aquí se irán a criar a las lejanas tundras de Escandinavia o Siberia. En esta misma zona aparecen otros limícolas de mayor tamaño, como el zarapito trinador (Fig. 8).


Fig. 8. Los zarapitos son, entre nuestros limícolas, los de mayor tamaño, con su característico pico curvado hacia abajo. En este caso se trata de un zarapito trinador (Numenius phaeopus).



En muchos lugares del territorio, y en particular entre las Encañizadas y Punta de Algas, encontramos extensiones significativas de vegetación halófila, con especies de plantas adaptadas a una alta salinidad, como sosa prima (Suaeda vera), sapina (Arthrocnemum macrostachyum), sosa alacranera (Sarcocornia fruticosa), Limonium spp.,... Algunas de estas especies se muestran en la Fig. 9.

Fig. 9. Varias halófitas (plantas adaptadas a una elevada salinidad) que se pueden ver durante el recorrido, especialmente en la zona entre La Llana, Punta de Algas y las Encañizadas. A y B. Algunas de estas “plantas de la sal” presentan tallos suculentos, es decir, más o menos gruesos y carnosos, pues es en ellos donde acumulan el exceso de sales que absorben por las raíces. Es el caso de la sosa alacranera (Sarcocornia fruticosa, A) y la sapina (Arthrocnemum macrostachyum, B), dos especies muy parecidas, pero con distinta época de floración. Sarcocornia fruticosa puede estar floreciendo a finales de septiembre, con unas flores muy poco llamativas en las que simplemente se ven sobresalir un poco los estambres (A). Arthrocnemum macrostachyum florece al final de la primavera y las flores son muy similares, pero lo que vemos en la imagen son los tallos floríferos ya secos con las flores pasadas; ése es el aspecto que pueden adoptar en septiembre. C. A diferencia de las dos especies anteriores, la sosa prima (Suaeda vera) muestra suculencia en las hojas, no en los tallos. D. La compuesta Limbarda crithmoides (=Inula crithmoides, fenolletes) también tiene hojas carnosas; creo que no resiste salinidades tan altas como las otras tres.



Llegamos así a la Llana (Fig. 10), complejo de playa y dunas que forma parte del cordón litoral que podemos considerar hermano de La Manga, pero en la parte norte del Mar Menor. La construcción del puerto deportivo de San Pedro alteró los movimientos del agua del mar, sobre todo las corrientes, por lo que desde hace unas décadas en la Llana se está perdiendo arena a un ritmo importante, mientras se acumula en la playa de la Torre Derribada. Recuerdo que en los años 80 y 90 existían dunas considerablemente más altas en la Llana. (Después diré algo de la vegetación típica de dunas.)

Fig. 10. La Llana, con vegetación típica de dunas, en la que destaca la floración del cuernecillo de mar (Lotus creticus).



Si vamos andando por la orilla del mar a lo largo de la Llana, seguimos encontrando aves (Fig. 11): limícolas, gaviotas, charranes, cormoranes,... Y si en algún punto, más o menos alejado del puerto y sin gente, tenemos ocasión de darnos un baño, no la dejemos pasar.

Fig. 11. A. El vuelvepiedras (Arenaria interpres) es un limícola llamativo, sobre todo el macho en plumaje nupcial, con ese contraste de blanco, negro y rojizo. Podemos verlo en muchos puntos del recorrido durante gran parte del año, aunque no cría aquí sino en el norte de Europa. B. No se lleva nada mal con los correlimos tridáctilos (Calidris alba), y es habitual verlos juntos buscando alimento en las acumulaciones de hojas muertas de Posidonia que se depositan en la Llana a la orilla del mar. C y D. Las gaviotas patiamarilla (Larus michahellis, C) y de Audouin (Larus audouinii, Ichthyaetus audouinii, D) son dos de las más abundantes en el territorio, junto con la picofina y la reidora.



Después del puerto, volvemos a tener charcas salineras a la izquierda del camino (Fig. 12). Es frecuente verlas teñidas de colores rojizos o rosados; se debe a la presencia de pequeños organismos como el alga unicelular Dunaliella salina. Y a la derecha se sitúa otra charca, que se llena artificialmente y está destinada a las aves, con dos puntos de observación. La frecuentan charranes, garcetas, cigüeñuelas, gaviotas y tarros blancos, entre otras (Fig. 13).

Fig. 12. En algunas charcas salineras el agua está teñida de un color rosado o rojizo. Se debe a los pigmentos que contienen algunos microorganismos, como el alga unicelular Dunaliella salina. De hecho, hay estudios que han considerado las posibilidades de cultivar Dunaliella salina para obtener el pigmento provitamínico β-caroteno.

Fig. 13. A-C. Tres especies de charranes abundantes en las salinas de San Pedro del Pinatar. A. El charrán patinegro (Sterna sandvicensis, Thalasseus sandvicensis) es el de mayor tamaño; tiene patas negras y pico negro con la punta amarilla. Puede verse durante todo el año, mientras que los otros dos emigran en esta época (septiembre) y volverán en primavera. B. El charrán común (Sterna hirundo) es menor; tiene pico y patas rojas. C. El charrancito (Sterna albifrons, Sternula albifrons) es el más pequeño; tiene pico amarillo y en plumaje estival muestra la frente blanca. D. El tarro blanco (Tadorna tadorna) es probablemente la anátida más abundante en las salinas. Es un pato muy vistoso, sobre todo el macho con la característica protuberancia roja que presenta en el pico.



Junto a esta charca tenemos el pinar del Coterillo (o Cotorrillo). Podemos dar un rodeo en nuestro recorrido y entretenernos un rato paseando por él y por las dunas próximas (siempre por los senderos señalizados), hasta llegar a la playa de la Torre Derribada.

El pinar del Coterillo se plantó a principios del siglo XX para frenar el avance de las dunas y que éstas no invadieran las charcas salineras próximas; podemos ver cómo la forma de muchos pinos ha sido modelada por el viento, quedando achaparrados y asimétricos.